Quizás uno de los casos más complicados pueda ser lograr la convivencia entre un perro y un gato. Hay algunos canes que no pueden evitar perseguir a los mininos aunque sea de un modo juguetón. Pero no hay que olvidar que incluso estos juegos pueden causar problemas y que son muchos los casos en los que un perro grande y fuerte, al sacudir a un gato durante el juego, acaba por matarlo. Pero incluso juntar un gato joven con un gato más mayor puede llegar a ser un problema. De hecho hasta animales aparentemente inofensivos pueden llegar a comportarse de forma agresiva al juntarse en un mismo espacio, algo que puede suceder, por ejemplo, si se juntan dos hámsters.

Pero vamos a centrarnos en el problema de convivencia de un gato y un perro, que es el problema más habitual pues son dos mascotas que muchos suelen tener. Además de los problemas antes mencionados entre ambos animales, muchos gatos tampoco se muestran precisamente simpáticos con los perros y les arañan y les bufan causando su enfado. Para conseguir que la relación comience con buen pie es necesario ir siguiendo unas pautas y ser muy constantes. De este modo, aunque a través de un proceso algo lento y en el que necitaremos paciencia, conseguiremos una buena convivencia de cara al futuro. Ten presente que la creencia sobre que los perros y los gatos se llevan mal tiene más de leyenda que de realidad, así que siguiendo estos consejos harás posible su convivencia.

Una buena presentación marca una relación cordial

Durante los primeros diez días se recomienda que el perro esté atado cuándo el gato esté libre por la casa. Así el minino se sentirá más seguro y se acostumbrará a su presencia. Por supuesto no debemos de permitirle que aproveche para arañar. Por el contrario, durante otros momentos del día será el perro el que campe a sus anchas mientras el gato está en una habitación cerrada.

Haz que se acostumbren uno al olor del otro intercambiando sus mantitas y algunos juguetes. También puedes colocar bajo la puerta del cuarto del gato un cordón largo para que ambos puedan interactuar desde cada lado.

El siguiente paso es presentarlos utilizando un trasportín para el gato. No debemos dejar que el perro se acerque más que para olfatear un poco, pero sin atosigar a la mascota que está encerrada.

Por fin cara a cara

Cada animal es un mundo y nadie mejor que su dueño para conocer sus reacciones. Si el gato es manso se le puede coger en brazos mientras que el perro se sujeta con una correa para que comiencen a aproximarse uno a otro con cierta seguridad. A partir de aquí hay que estudiar sus reacciones con cuidado y no forzar las cosas. Si ambos parecen tranquilos y a gusto se pueden comenzar a soltar, sin dejarlos a solas. Si por el contrario reaccionan con mucho nerviosismo es cuestión de tener paciencia y esperar unos días antes de repetir la presentación.

Algunos perros y gatos congenian desde el primer día, otros se ignoran durante toda la vida, pero la mayoría necesitan un tiempo para acostumbrarse los unos a los otros. Tras el periodo de adaptación, salvo que haya problemas de comportamiento, perros y gatos suelen convivir con normalidad.