Las primeras referencias que se tienen sobre el pastel de bodas en la cultura occidental datan de los tiempos del Imperio Romano. Por aquel entonces se preparaban pequeños pasteles hechos con harina de trigo y sal. El uso del trigo, que no solo era para elaborar los pasteles sino también para que la novia adornase su cabellera o llevara espigas como ramo, se debía al significado de prosperidad y fertilidad que a este grano se le atribuye desde entonces. El novio comía parte del pequeño pastel y el resto lo rompía sobre la cabeza de la novia, con el fin de augurar la pronta descendencia y la buena fortuna de la familia que empezaban a formar. Los invitados procuraban recoger algunas de las migas del pastel roto para así procurarse las mismas bendiciones para ellos.

Durante el siglo XVII la tradición de romper el pastel de bodas sobre la cabeza de la novia ya no era tan usual. En su lugar se disponía en los matrimonios un pastel hecho con carne de cordero y migas de pan dulce, dentro del cual se ponía escondido un anillo de cristal. Este pastel era llamado el pastel de novias, ya que solo lo comían las mujeres invitadas a la fiesta y la creencia dictaba que aquella que encontrara el anillo sería la próxima en casarse.

Ya en el siglo XIX el pastel de bodas pasó a ser más parecido a los que hoy se elaboran. Aunque se seguía manteniendo la costumbre de incluir un anillo para que lo encontrase la próxima joven en casarse, el pastel ya no era salado sino dulce, hecho incluso con frutas como cerezas y uvas pasas. Una nueva creencia en aquel entonces aseguraba que las jóvenes que durmieran con un trozo de pastel de bodas bajo la almohada, soñarían esa noche, a manera de revelación, con quien sería su futuro marido.

Actualmente muchas creencias antiguas han desaparecido, pero por fortuna se mantiene la tradición de incluir un pastel de bodas en la celebración y la costumbre de que el primer trozo lo corten juntos los novios, como símbolo de unión y trabajo en conjunto. Además han cambiado mucho las recetas para elaborar la tarta nupcial y cada vez resultan más llamativas y elaboradas. También algunas parejas mantienen la tradición de guardar en el congelador un trozo de pastel para comerlo en el primer aniversario o en el bautizo del primer hijo, a fin de mantener la prosperidad y la fertilidad en la familia.