Esto se hacía en tiempos en los que la mujer no tenía capacidad de decisión, necesitaba del permiso de su padre o de su hermano para poder contraer matrimonio y hacerlo de otro modo o bien no estaba permitido o bien privaba a la mujer de todos sus derechos sobre la herencia y, en ocasiones, incluso era repudiada.

Durante la petición de mano se realizaban también todas las negociaciones relativas a la dote de la novia y a cómo sería la vida una vez que la pareja estuviera desposada. Por ejemplo, el lugar de residencia de los novios.

Sin ir tan lejos, avanzado el siglo pasado, cuando se casaron muchos de nuestros padres, la mujer no tenía derecho ni siquiera a abrir una cuenta bancaria sin permiso de su marido que ejercía una especie de tutela sobre la mujer.

Los tiempos han cambiado

Las peticiones de mano se fueron adaptando a las diferentes épocas. En un principio, eran los padres del novio los que pedían la mano de la novia a su familia en lo que era un simple negocio que acordaban las familias. Nadie les consultaba a los contrayentes.

Más adelante, la petición de mano se hacía previa petición a la novia y habiendo un noviazgo de por medio. El padre solía respetar la decisión de su hija y no era más que un mero trámite. La autorización se había dado ya antes, cuando se permitía a los jóvenes el noviazgo.

Por suerte, los tiempos han cambiado y hoy la mujer tiene reconocida su independencia y su capacidad de decisión. Por este motivo, muchas pueden sentirse ofendidas tan solo con el planteamiento de celebrar una pedida de mano.

Si el novio quiere pedir en matrimonio, lo hace directamente a la novia, que no necesita la autorización de padres o hermanos para dar su respuesta. Pero ¿y celebrarlo como una tradición sin más?

Cada vez más personas creen que es una tradición que no tiene ningún sentido actualmente y muchas mujeres la encuentran incluso ofensiva. Por eso, en lugar de la pedida de mano se celebra una fiesta de compromiso que en algunas ocasiones es la excusa perfecta para presentar oficialmente a las familias.

Incluso si se conocen, es una ocasión para comer o cenar todos juntos y hablar sobre los preparativos de la boda de una manera festiva y oficial. Si se desea, puede haber un intercambio de regalos entre los novios, como el tradicional anillo de compromiso, pero es algo optativo y son muchas las parejas que ya no lo usan.

Por cierto, hoy también está permitido que sean ellas las que pidan matrimonio si así lo desean, aunque lo más habitual es que sea un tema que surja con naturalidad y cada vez con menos ceremonias.