En contraparte, las calorías que nos aportan las proteínas, aunque sean las mismas en cantidad que las obtenidas de los carbohidratos, son procesadas y aprovechadas de manera distinta por el organismo. Estas calorías no generan picos de insulina, por lo que se acumulan en menor medida como grasa corporal y su función es la reparación del tejido muscular.

Los alimentos con más aporte calórico son las grasas o lípidos. Su almacenamiento en el cuerpo es mayor y son la fuente de energía que menos consume nuestro organismo. Sin embargo, las grasas son necesarias para el desarrollo de procesos orgánicos vitales, de modo que su consumo es imprescindible, sobre todo de las grasas insaturadas, llamadas también “grasas de buena calidad”.

Las calorías vacías sí existen

En cuanto a las llamadas “calorías vacías”, su existencia es cierta y se les llama así porque no aportan ningún provecho nutricional al organismo. Se trata de las calorías provenientes de los alimentos con mayor cantidad de azúcares que de otros nutrientes. Este tipo de calorías es el que más genera picos de insulina y por ello terminan convirtiéndose en la grasa acumulada responsable del sobrepeso y la obesidad. En casos extremos, la sobreestimulación del páncreas, órgano encargado de producir la insulina, puede originar diabetes.

Los alimentos que mayor cantidad de calorías vacías contienen son los que más rápido consumimos y los que más gustan al paladar. Los zumos, así sean naturales, contienen altos niveles de azúcares. Ni hablar de los zumos preparados industrialmente ni de las gaseosas o bebidas energéticas embotelladas. Es por ello que los nutricionistas recomiendan beber más agua, café y té que zumos.

Las golosinas, la bollería y los chuches son los alimentos reyes de las calorías vacías. La razón por la que nos provocan tanto a pesar de no nutrirnos es precisamente porque las calorías que contienen las digerimos muy pronto y por ello el hambre vuelve rápidamente. Otra de las razones por las que nos gusta tanto el azúcar está en el proceso evolutivo de la humanidad. Estudios científicos han encontrado que la preferencia de los niños por los dulces es una herencia de la evolución. “En tiempos pasados, los jóvenes que preferían alimentos ricos en calorías tenían probablemente más posibilidades de sobrevivir cuando escaseaban los alimentos” (BBC, 2013).

¿Algo bueno tienen los azúcares?

Por supuesto que sí. Lejos de ser unos villanos, como ciertas modas fitness quieren hacer creer, los azúcares cumplen funciones importantes en nuestro cuerpo. Por ejemplo, la glucosa, que es el tipo de azúcar simple presente en alimentos procesados, es el único combustible que hace funcionar nuestras neuronas, que son los pilares de la actividad cerebral. Luego, un nivel bajo de glucosa en la sangre puede generar mareos y desmayos, y si este nivel es muy bajo, la persona puede caer en coma. Así que sí debemos comer azúcares, pero con moderación y nunca en exceso.