En las primeras culturas orientales era común que los enlaces matrimoniales fueran planificados por razones políticas o económicas, en donde los futuros esposos no participaban. Actualmente esto sigue ocurriendo en algunas culturas y religiones, por las mismas razones o por otras. Lo cierto es que antiguamente el velo era utilizado por la novia para que su futuro esposo no la pudiese ver antes de celebrar el matrimonio y así evitar un posible rechazo de su parte. Era una manera de protegerla, aunque también significaba la sumisión de la esposa a la voluntad del marido.

En Occidente el uso de esta prenda matrimonial no respondía a los mismos motivos orientales, sino más bien a cuestiones de superstición, aunque algunas fuentes sostienen que esta prenda también buscaba evitar el rechazo por parte del novio. En la Grecia antigua y luego en el Imperio Romano los velos de las novias no eran de color blanco, como los conocemos ahora, sino que se elaboraban de colores muy vivos que iban desde el rojo o púrpura hasta el amarillo intenso. Además, no cubrían solamente el rostro de la novia, sino que solían ser tan largos que podían llegar hasta los pies. La función del velo en esos tiempos era proteger a la novia del “mal de ojo” que la envidia de otras mujeres, al verla caminar hacia la ceremonia, pudiera provocarle.

El velo blanco y su simbolismo cristiano

Durante toda la Edad Media y hasta el siglo XVIII, el color del velo no tenía tanta importancia, sino la riqueza de la tela con que era elaborado y el uso de adornos para decorarlo. Fue a finales del siglo XVIII que el velo de novia de color blanco comenzó a ser comúnmente aceptado.

Actualmente vestirse de blanco para casarse es casi una norma para las novias católicas, y eso tiene una explicación histórica. El 10 de febrero de 1840 la reina Victoria I del Reino Unido contrajo matrimonio con el príncipe Alberto, luciendo un traje de boda impactante y, por primera vez, totalmente blanco, incluido el velo. Desde entonces este color ha sido el preferido por las novias, cuando mucho variando a tonos champán, beige o crema.

En la religión cristiana el color blanco simboliza la pureza, la virginidad y la virtud de la novia, así como la inocencia, la modestia y su retiro de la vida exterior. En nuestros tiempos han cambiado algunos de esos significados, pero muchas novias siguen utilizando el velo para su ceremonia nupcial, escogiendo entre los muchos tipos que hay.