Qué tengáis tanta prosperidad como para poder repartir arroz en todos los días de vuestra vida. Que os sobre para poder dar a los que no tienen.

Que poseáis tanto arroz como para poder tener un gran número de hijos”.

Sin embargo, esta costumbre asiática no va a ser incorporada pronto a la cultura occidental. En tiempos del Imperio Romano era tradición que las novias llevaran consigo espigas de trigo, bien sea como ramo, en forma de corona sobre sus cabezas o entrelazadas en el cabello. Era trigo en lugar de arroz porque el símbolo de la abundancia, de la fertilidad y de la fecundidad en Roma era ese grano. De hecho, el origen de los pasteles o tartas de boda también está en el significado del trigo entre los antiguos romanos.

Por aquel entonces el novio, al terminar la ceremonia, comía una parte de un pastel horneado hecho de trigo y la otra parte la rompía sobre la cabeza de su esposa. Con este ritual se buscaba asegurar la buena fortuna de los recién casados y la pronta descendencia, augurando la fertilidad de la recién desposada. Algunas fuentes sostienen que luego de este rito, las migas del pastel que habían caído de la cabeza de la novia eran repartidas entre los invitados junto a un poco de almendras bañadas en miel, no para que se los comieran, sino para que fueran arrojados sobre los novios o para que los invitados las guardasen y así obtuvieran también las bendiciones que auguraban a los recién casados. Otras referencias señalan que también eran repartidas entre los invitados algunas nueces con cáscara que, al llegar la medianoche del día de la ceremonia, eran arrojadas fuertemente contra piedras y rocas para generar un estruendo como señal de celebración.

En nuestros tiempos algunas parejas mantienen la tradición de la lluvia de arroz, aunque otras prefieren sustituir este grano por otras cosas, como pompas o burbujas de jabón, pétalos de flores, papelillo, globos inflados con helio, luces de bengala o incluso mariposas vivas que son liberadas de pequeñas cajas cuando la pareja sale de la iglesia. Algunos hacen esta sustitución porque no están de acuerdo con desperdiciar comida y otros porque consideran molesto el arroz sobre ellos. Cualquiera que sea la elección y su razón, lo importante es la fe que se tenga en esta tradición y no hacerlo por mera costumbre.