El motivo de esto es que la leche, al fermentar para convertirse en yogur o queso, utiliza la lactosa en el proceso. Por tanto, cuanto más curado esté un producto, menos cantidad de lactosa contendrá.

No obstante, hay intolerantes severos para los que la más mínima cantidad de este azúcar puede causar síntomas como dolores de estómago, diarreas, gases y otros problemas gástricos. Tampoco hay que confundir intolerancia a la lactosa con alergia a la proteína de la leche, en cuyo caso no se puede comer queso en absoluto.

Los quesos más bajos en lactosa

Los quesos que tienen menos cantidad de lactosa son aquellos que han sido realizados de manera artesanal y tienen una curación igual o superior a los dos años. Es el caso del queso suizo, por ejemplo. El queso suizo tradicional tiene once veces menos lactosa que la leche semidesnatada tradicional.

Pero hay que tener en cuenta que muchos quesos suizos que encontramos en el supermercado no han sido elaborados de manera artesanal (la mayoría, por desgracia) sino que son producidos con leche pasteurizada y un proceso que acelera el envejecimiento del producto para poder venderlo antes.

Estos quesos sí que tienen una mayor cantidad lactosa y pueden hacer daño a personas que normalmente toleran los quesos curados.

El queso azul es otro queso muy bajo en lactosa que muchos intolerantes toleran sin problemas. Aunque tiene un poco más que el queso curado (el queso curado tiene 1 gramo por onza y el azul 2) sigue siendo una cantidad muy pequeña que se tolera fácilmente por aquellas personas que no son intolerantes severos.

También los quesos curados típicos españoles, como el queso de oveja o mezcla castellano viejo suele ser bien tolerado por personas con falta de lactasa, que es la enzima que digiere la lactosa y de la que carecen aquellos que sufren intolerancia.

¿Cómo sé que queso comer?

Dado que cada persona es un mundo e incluso sus niveles de tolerancia pueden variar en distintas etapas de la vida, lo más acertado es elegir siempre un queso muy curado y comer una pequeña cantidad para ver cómo nos sienta. Si notamos síntomas de malestar sabremos que no toleramos ese queso.

No se deben de consumir quesos frescos, mantecosos, de poca curación o que hayan sido realizados de modo industrial.

En cualquier caso, no se debe de abusar de su consumo y es mejor tomar siempre pequeñas cantidades. En caso de que se quiera comer una porción mayor de queso, siempre se puede hacer acompañándolo de una dosis de lactasa en pastillas. Una buena solución para poder digerir la lactosa sin tener que preocuparse por sus molestos síntomas.