Aquí tienes los pasos que debes seguir para comprobar si estás preparado:

1) No todos los gatos son iguales. Es frecuente que tras ver un vídeo en YouTube en el que un bonito minino hace las mil monerías a sus humanos, nazcan en cualquier persona las ganas de adoptar a un gatito que sea igual de simpático.

En este proceso es bastante común idealizar la idea de cómo va a ser nuestro animal: jugará con nosotros, será como un muñeco de peluche que se dejará acariciar todo el día y le enseñaremos a hacer cosas tan divertidas como las del gatito del vídeo.

Pero no todos los gatos tienen el mismo carácter, algunos son más tímidos y no quieren que se les coja todo el día. Otros son cariñosos, pero no resultan tan juguetones. En definitiva, no podemos conseguir un gato a medida, pero si debemos dejarnos aconsejar ya que a veces, el gato que nos parece más bonito físicamente no es el que tiene el mejor carácter para nosotros.

2) El gato es gato… y araña. Este viejo chiste esconde una gran verdad. El gato tiene unas características como animal y una de ellas es que su instinto le lleva a arañar. Por eso hay que educarlo desde pequeñito para que utilice los rascadores, pero incluso con una buena educación, es altamente probable que un día arañe donde no debe y acabe destrozando algún mueble o prenda de ropa.

Debemos de asumir que esto es algo que va a suceder y que el animal no lo hace por fastidiarnos, que es su instinto. Si no somos capaces de asumir esto, o que puede tirar cosas de estanterías… quizás el gato no sea nuestra mascota ideal.

3) El gato necesita vacunas y cuidados veterinarios igual que otro animal. Parece evidente, pero muchas personas siguen pensando que el gato es fuerte por naturaleza y que no necesita ser vacunado.

Esto no es cierto, el gato necesita sus vacunas y sus controles anuales exactamente igual que cualquier otro animal. Y también puede ponerse enfermo con el consecuente gasto que acarrea y para lo que debemos de estar prevenidos.

4) Un gato casero no se puede soltar a su libre albedrío. Esto no debería de ser necesario siquiera el plantearlo, pero trabajando en protectoras es fácil ver cuántos gatos caseros se recogen en las calles cada día.

Algunos de estos animales se han escapado, pero en otros casos, simplemente los han dejado en la calle porque no podían hacerse cargo de ellos o porque ya no eran cachorritos divertidos. Es frecuente escuchar como argumentan que es que el gato “sabe” defenderse en la calle y que puede salir adelante.

Algo totalmente falso, injusto y muy cruel para ellos que acaban muriendo de hambre, enfermedades o atacados por gatos salvajes. En algunos casos, incluso de tristeza.