¿Hay cocodrilos en las alcantarillas?

Es sorprendente la de mitos urbanos que se pueden llegar a desarrollar sobre los animales. Uno de los más conocidos es que en las alcantarillas de las ciudades viven terribles cocodrilos, en algunas versiones mutantes tras varias generaciones sin ver el sol, que proceden de crías que en su momento fueron tiradas por el retrete por no quererlas en casa. A veces, para darle más fuerza a la historia, se dice que operarios del servicio de alcantarillado de una determinada ciudad fueron atacados y muertos por estos seres.

Además de que resulta evidente que ningún animal de ese tamaño iba a sobrevivir a ese viaje por las tuberías previo a la llegada a las alcantarillas, si un ejército de animales modificados estuviera viviendo bajo nuestras calles no hay duda de que lo habríamos sabido más allá del conozco a alguien que conoce a alguien que sabe…

Los perros y gatos pueden ver fantasmas

Dicen algunos que los perros y gatos tienen cualidades paranormales que les permiten ver a los muertos. Incluso hay quien afirma que si alguien se coloca una legaña de perro o gato en su propio ojo también los verá. La leyenda se puede adornar añadiendo que se conoce a alguien que conoce a alguien que lo hizo y que nadie sabe qué vio pues murió de un infarto con gesto de puro terror tras realizar la prueba.

Los que realizan estas afirmaciones se basan en la costumbre de los gatos de mirar un punto fijamente o la de los perros de aullar lastimeramente por la noche sin saber el por qué. Sin embargo, ambos comportamientos responden a razones explicadas por los especialistas. Los gatos lo hacen porque pueden ver cosas que a nosotros se nos escapan, pero todas de este mundo, como insectos o motas de polvo, que su instinto cazador encuentra irresistibles. En el caso de los perros, lo que tienen más desarrollado es el instinto y pueden escuchar a otros perros, sirenas de ambulancia y otros muchos ruidos que nosotros no podemos percibir. Sus instintos primarios les hacen aullar para repetir estos sonidos.

Los perros de ciertas razas se vuelven locos

A los doberman el cerebro no para de crecerles y al llegar a determinada edad el cráneo lo comprime y se vuelven locos, pudiendo llegar a matar a sus dueños.  Esta leyenda no tiene absolutamente ninguna base científica y por supuesto es totalmente falsa. Se ignora el origen de semejante invento que ha ido de boca en boca y que muchos dan por cierto.