Al igual que ocurre con las personas, los animales pueden tener mayor o menor afinidad y es algo que se hace muy notorio. Perros que se ladran y llegan incluso a agredirse o gatos que se bufan y que no se aceptan mutuamente es algo común, al igual que perros y gatos que se llevan como indica el refrán.

¿Qué hacemos en estos casos? En muchos casos la mala afinidad es culpa de una pésima presentación o de no haber elegido bien al animal acompañante, guiándonos más por su aspecto físico que por las características de su carácter. Otras veces, simplemente no se soportan y no sabremos jamás por qué.

La situación, sea cual fuere la causa, está ahí y es necesario tomar cartas en el asunto lo más rápidamente posible:

Si hay agresiones peligrosas. Si nuestras mascotas se pelean hasta el punto de poder causarse verdadero daño hay que separarlas. Si no es posible hacerlo en casa habrá que tomar decisiones drásticas y pedirle a alguien de confianza que se haga cargo de una de las mascotas hasta que se le pueda encontrar un hogar de manera responsable.

No es una decisión fácil de tomar, pero no podemos confiar en que dos animales que están dispuestos a pelear hasta hacerse verdadero daño puedan llegar a entenderse y que no haya un contratiempo en un momento en el que no estemos en casa o estemos distraídos. A no ser que seamos auténticos expertos en comportamiento animal, lo mejor es separar a las mascotas por muy doloroso que sea para nosotros.

Si podemos mantenerlas separadas, entonces podremos darles una oportunidad con la ayuda de un buen experto que nos ayude. En cualquier caso, tenemos que asumir que quizás deban de estar siempre separados y valorar si esto es viable para la familia.

Simples diferencias de caracteres. En este caso lo mejor es dejar que cada animal tenga su espacio diferenciado. Camas, comederos y bebederos en habitaciones separadas o a suficiente distancia para que puedan usarlos sin tener que coincidir. En el caso de los gatos se puede probar con un difusor de feromonas que ayuda a calmar el ambiente.

Además de tenerlos relativamente separados, hay que hablar con un etólogo para que nos de las pautas para conseguir que los animales, aunque no lleguen a ser los mejores amigos, se toleren del mismo modo que nosotros, por ponerle un toque de humor, toleramos a un cuñado que no nos gusta mucho pero que sabemos que ha venido para quedarse. Porque los amigos se escogen, pero la familia no y van a tener que aprender a convivir con el nuevo miembro.