Sin embargo, hay varios aspectos que el IMC no tiene en cuenta y que son bastante importantes:

No mide a niños o adolescentes. Dado que están en constante cambio, el IMC no es un método fiable para niños o adolescentes. Sin embargo, ellos pueden tener problemas de sobrepeso o de bajo peso igual que una persona adulta.

Para medirlos se utilizan tablas estándar que, aunque tampoco son eficaces al cien por cien, cuentan siempre con el punto de vista del médico que atiende a los menores y que puede dar su punto de vista profesional.

No diferencia entre volumen muscular y grasa. En el ejemplo que hemos visto de una persona con 75 kg de peso y 1.70 de altura, ¿es lo mismo alguien que no hace ningún ejercicio y su peso se debe a una acumulación de grasa en el abdomen que el peso de alguien que hace mucho deporte y lo que acumula es músculo?

Evidentemente no tiene nada que ver. Es cierto que para algunos aspectos, como el peso que tienen que soportar los huesos, no es relevante el por qué un individuo pesa más que otro, pero sí lo es para otros aspectos de salud.

Un IMC de 25.29 indica un ligero sobrepeso, pero en alguien que tiene mucha grasa puede ser un auténtico problema de sobrepeso. En una persona que tiene una complexión normal pudiera ser que le sobraran dos o tres kilos y en alguien que practica deporte de manera habitual, pudiera ser que no le sobrara nada de peso y estuviera realmente muy saludable.

No es exacto para personas que se salen de la media. Otro de los problemas del IMC es que no es exacto si no cumples unas medidas estándar. Lo hemos visto con la masa muscular y la grasa, pero también ocurre en personas que son demasiado altas o demasiado bajas.

En estos casos, el IMC no suele indicar de manera realista si puede haber sobrepeso o bajo peso.

Mientras expertos en nutrición y salud de todo el mundo discuten sobre si sería o no procedente el cambiar la manera de determinar el sobrepeso o bajo peso de una persona, lo recomendado es que además de medir el IMC tengamos en cuenta otros valores, como el contorno de la cintura o el estilo de vida de la persona.

En definitiva, se trata de aceptar que cada persona puede tener circunstancias propias y que el IMC es una guía, pero en ningún caso es un valor incontestable o una prueba infalible sobre si una persona debe de adelgazar o coger peso.