El primero de ellos es que al hablar de las tareas del hogar, inmediatamente pensamos en la madre. Cada vez menos, por suerte, pero todavía ocurre. Por tanto, deberíamos de cambiar ese “mamá” por un “papis”, por ejemplo.

El segundo error, igual de importante está en la utilización del verbo ayudar. Muchos hombres afirman “ayudar” a sus mujeres en el trabajo de casa, al igual que muchas mujeres dicen con orgullo que a ellas sus parejas les “ayudan” en el hogar. Otras expresiones como “¿Te hago algo en casa?” o “¿Por qué no me friegas los platos?” irían en la misma línea.

Sin darse cuenta, con este lenguaje dan por hecho que el trabajo de la casa es exclusivo de la mujer y que todo lo que otros miembros de la familia hagan, es una “ayuda”, un “regalo” que se le hace a la mujer.

Son solo palabras, pero que tienen una gran importancia porque están reflejando una manera de pensar bastante habitual. El niño lo escucha, lo asimila y lo repite. Por eso, nuestro primer objetivo debería de ser que el niño no diga "¡Mamá, deja que te ayude!” sino “¡Papis, dejad que colabore!”

Con el trabajo de la casa no solo estamos enseñando al niño a asumir responsabilidades, también estamos transmitiéndole, consciente o inconscientemente, un mensaje sobre los roles de hombres y mujeres en la sociedad. Por eso, es bueno que vean que tanto el padre como la madre, especialmente si ambos trabajan fuera del hogar, pueden hacer todas las tareas del hogar indiferentemente de cuáles sean.

Vamos a darle responsabilidades

Una buena forma de hacer esto, es repartiendo las tareas del hogar, por ejemplo, en un planificador o en una pizarra. El niño, estará incluido en el reparto dentro de lo que pueda hacer a su edad.

Cada día, los padres deben de leer junto con el niño qué tareas les corresponden y hacerlas, encargándose de que el pequeño también realice aquello que le corresponde.  Los niños más pequeños deben de aprender a dejar sus juguetes recogidos una vez que han jugado, a tirar sus papeles en la papelera o a poner su vaso en el fregadero al acabar de beber.

A partir de los tres años pueden ayudar a los padres a hacer su propia cama, poner su ropa sucia en el cubo para lavar o hacer junto con nosotros alguna pequeña tarea por el estilo. A partir de los cinco años pueden empezar a poner y a recoger la mesa, poner en la cinta del supermercado aquellas cosas que pesen menos, colocarlas en casa en los estantes más bajos de las alacenas o tratar de sacar el polvo en su cuarto, aunque haya que ir detrás a repasarlo.

A partir de que el niño cumpla diez años ya puede asumir gradualmente tareas mucho más importantes como barrer, cargar el lavavajillas o poner una lavadora. Es muy importante dejar que hagan las cosas solos, aunque no las hagan tan bien como nos gustaría y recompensarles cuando hacen sus tareas sin tener que obligarles.