Durante su primer mes de vida dormirá cerca de 16 horas sin distinguir períodos diurnos y nocturnos. Sólo se despertará para satisfacer necesidades básicas: tiene hambre, siente frío, se encuentra incómodo… A partir del tercer mes, aunque sigue necesitando dormir el mismo número de horas, va aumentando el período de sueño nocturno y el resto de horas de sueño se reparte en varias siestas a lo largo del día. A los doce meses, por ejemplo, dormirá unas 14 horas en total: la mayoría por la noche . A los veinticuatro meses sólo dormirá dos horas de siesta y el resto de horas (unas 13), durante la noche.

Sin embargo, estas tablas son orientativas. Un bebé que duerme las horas que necesita se encontrará por regla general más tranquilo que otro que no lo hace: este último se encontrará a menudo molesto e irritable.

Todos los papás y mamás hemos experimentado el cansancio de noches sin dormir cuando el bebé llega por primera vez a casa. Muchos médicos y psicólogos aconsejan pautas para ayudar al niño a dormir. Uno de los más leídos en los últimos años es el doctor Estivil , el cual en su obra “Duérmete niño” expone sus observaciones sobre el hábito del sueño en el bebé y presenta un método para educarlo en este hábito a partir de los tres meses. El doctor aconseja unas pautas muy precisas sobre la rutina a la hora de acostar al bebé. Básicamente aconseja bañarlo, ponerle el pijama y darle de comer, en este orden, en una habitación diferente a la habitación donde dormirá. Después pasar un rato agradable con él, cantándole una canción, enseñándole su muñeco preferido… A una hora determinada, lo acostamos y nos aseguramos de que está cómodo y abrigado, le damos su juguete preferido para dormir y nos despedimos de él con una frase que siempre debe ser la misma, como “Que tengas felices sueños”. Entonces cerramos la puerta y nos vamos. Si el bebé empieza a llorar inmediatamente, esperamos un minuto antes de entrar, nos aseguramos de que está bien y, sin tocarlo, le decimos que papá y mamá lo quieren mucho y le están enseñando a dormir y nos vamos… Así, iremos prolongando el tiempo para entrar en la habitación hasta que el bebé se duerma.

A pesar de que el método funciona en muchos casos, hay psicólogos que lo desaconsejan por la sensación de abandono que muchos niños pueden experimentar por no ver atendida su necesidad de contacto físico con sus padres en una situación en la que parecen necesitarlo. Algunos afirman que puede dar lugar a que en un futuro el niño crezca siendo demasiado conformista.

Creo que, una vez más, debe imponerse el sentido común: el bebé necesita disfrutar de sus horas de sueño, pero igualmente necesita sentirse protegido y amado y lo que, sin duda, le ayudará a dormir serán nuestra paciencia y nuestra serenidad.