Suele ser más habitual en edad escolar en torno a los tres y ocho años por el uso de objetos compartidos y no está entre las enfermedades más frecuentes de los bebés. Se debe sobre todo a que la manifestación de la enfermedad requiere de un sistema inmune más desarrollado. Los brotes suelen ser más frecuentes al final del invierno y en la primavera.

El período de incubación no presenta síntomas y dura entre dos y cinco días. El período de invasión se presenta bruscamente con una duración de entre doce y veinticuatro horas con síntomas como fiebre alta, vómitos, dolor de cabeza y de garganta con posible faringitis aguda con placas blancas.

El desarrollo de la enfermedad dura en torno a tres o cinco días siendo su característica más representativa una erupción cutánea de color rojo y tacto áspero que se presenta en todo el cuerpo siendo más intensa en la zona de los pliegues. La zona de alrededor de la boca permanece pálida mientras que  el rostro, la frente y las mejillas muestran un tono enrojecido. La lengua presenta un color blanco con puntos rojos. Tras la recuperación del niño la zona de la piel que ha presentado erupción se descama.

Se diagnostica a partir de la observación de la característica erupción y de un exudado faríngeo que consiste en una muestra de tejido de la faringe para determinar la presencia de la bacteria que causa la enfermedad.

El tratamiento es con antibiótico y es muy importante seguir el tratamiento completo aunque mejoren los síntomas para la correcta erradicación de esta bacteria y prevenir posibles complicaciones posteriores como infección de oído, sinusitis o fiebre reumática. Normalmente se administra penicilina o amoxicilina por vía oral durante diez días recurriendo a otras opciones si el niño es alérgico a estos medicamentos.

Durante la convalecencia es bueno darle antitérmicos y analgésicos para bajar la fiebre y calmar los dolores articulares que conlleva. El ibuprofeno líquido es una buena opción y fácil de tomar para una garganta irritada.

Es importante que guarde reposo  dado que por la fiebre alta se encontrará sin fuerzas y con falta de apetito por lo que es importante que se hidrate y beba mucha agua y zumo de naranja natural.

Asimismo es importante hidratarle la piel para reducir la sequedad y el picor. La crema de calamina es una buena opción totalmente inocua y apta para niños.

No existe vacuna para prevenir el contagio de la escarlatina y la única medida posible consiste en evitar que el niño aquejado de la enfermedad entre en contacto con otros niños hasta que no transcurran un mínimo de entre veinticuatro y cuarenta y ocho horas desde que se inicia el tratamiento médico que es cuando se considera que la enfermedad deja de ser contagiosa.