Para empezar, no conoce los límites, no sabe qué cosas son realmente suyas. Por eso, todo aquello que le guste lo definirá como propio y no querrá soltarlo. Para evitar esto, se aconseja explicarle bien claro al niño qué es suyo y qué no lo es. Por ejemplo, los juguetes que hay en una sala de espera de un médico no son suyos, los columpios de un parque tampoco y hay que hacer que lo entienda.

Pero también debe de tener la posibilidad de tener cosas propias. Algunos padres, cuando tienen varios niños, les dicen que todos los juguetes son de todos pensando que así estos aprenderán a compartir mejor. Pero no es así, el niño necesita entender qué es suyo para diferenciarlo del resto.

Y cuando se le reconoce la propiedad de las cosas, también se le debe de reconocer su derecho a no prestarlas. Puede parecer sorprendente a algunas personas, pero el niño tiene derecho a tener ciertas cosas que no deja a nadie más ¿no te ocurre a ti también?

¿Qué pasa si no quiere dejar nada?

Pero el niño, al igual que necesita afianzar su sentido de la propiedad, también debe de trabajar sus valores y entre ellos debe de estar el compartir. Pero no podemos hablar con un niño de dos años en términos de generosidad o egoísmo, porque no los entiende.

Cuando se le quita algo, el niño no es consciente de que eso puede volver a sus manos más tarde, siente que lo pierde y lógicamente se enrabieta. Por eso hay que acostumbrarlo poco a poco.

Los adultos deben de ser mediadores entre los niños, pero dejándoles también un cierto espacio. Enseñarles a que el juguete puede ser un ratito de cada uno está bien, pero si luego se llega a casa y solo una un caramelo y se le da al niño… él entenderá que tiene más derecho que otras personas sobre aquello que le gusta.

Es mejor comprar más dulces y repartir uno para cada uno (sí, padres incluidos). Este comportamiento será el que el niño aprenda y reproduzca cuando está con sus amigos. Esto para ti, esto para mí…

Castigar o reñir solo conduce al enfado y al resentimiento del niño. Hay que razonar con ellos y hacer que entiendan que si prestan sus juguetes, ellos también podrán jugar con los de otros niños.

Por desgracia, a veces son los padres los primeros que deben de aprender a juzgar por cómo se comportan en zonas de niños. El ejemplo es básico para que el pequeño se pueda relacionar con otros niños con normalidad y si ven que nosotros escondemos sus juguetes para que no los vean otros niños, aprenderán que eso es lo que está bien y que solo se presta aquello que realmente no es interesante. Si algo no queremos que se comparta, lo mejor es no llevarlo para que el niño juegue ante otros niños.