• Disfruta del aire libre siempre que puedas. El aire libre es muy buena medicina contra el estrés. Siempre que puedas sal a caminar, a andar en bicicleta o simplemente a sentarte en algún lugar agradable a respirar aire puro, ver un lindo paisaje y tomarte algo en alguna cafetería.
  • Todos los días, 15 minutos son para ti. Tiene que ser una norma sagrada. Un cuarto de hora para darte una ducha larga y relajante, leer un poco, escuchar un par de canciones que te gusten o realizar unos ejercicios de relajación. Si tienes pareja pacta con ella para que nadie te moleste durante ese espacio tuyo y tú, a tu vez, asegúrale su tiempo.
  • Haz balance diario de las cosas buenas. Todos los días nos suceden pequeños detalles positivos que en ocasiones pasamos de largo. Una buena conversación con nuestra pareja, un rato tomando café con un amigo, una broma de nuestros hijos… Si al final del día se hace un pequeño balance de todo eso que realmente vale la pena y que nos da fuerzas para continuar se verá también desde otra perspectiva todo lo demás y se podrá conseguir una mentalidad diferente y menos propensa al estrés.
  • Relativiza, nada es tan importante como parece. “No me va a dar tiempo de acabar esto para el viernes” “No voy a poder limpiar el baño hoy”…. ¿y qué? Hazte esta pregunta y seguramente en muchos casos te des cuenta de que no pasa nada si algo no se hace. Quizás sí tengas que esforzarte en acabar un trabajo en una fecha, pero no sucede nada si un día no se limpia el baño o si no puedes hacer un encargo que tienes que dejar para otro día.
  • Aprende a decir que no. A veces el estrés no nos viene solo por las obligaciones propias que tenemos, sino por las que nos imponen otras personas a las que no sabemos cómo decir que no. Quizás un compañero de trabajo que te pide ayuda para acabar a tiempo sus tareas o que le cubras para poder marcharse un poco antes por un asunto familiar.

Todos tenemos momentos puntuales en los que podemos necesitar ayuda y muchas veces esto es un “hoy por ti y mañana por mí”. Pero cuando alguien abusa y pide ayuda demasiadas veces hay que saber frenarle. Sé claro y dile que no puedes hacerte cargo de su trabajo. Recuérdale que lo has hecho en otras ocasiones, pero que debe de asumir sus tareas y que tú no puedes hacerlo porque te retrasarías en lo tuyo.

Aquí puedes utilizar un pequeño truco. Cuando alguien abusa a menudo pidiendo ayuda llega un momento en el que ya sabes cuándo te la va a pedir. Anticípate y sé tú quien le pidas ayuda. Dile que estás muy agobiado y que has pensado que ya que tú has colaborado con él otras veces quizás ahora pudiera devolverte el favor.

Seguro que cuando ocurra esto un par de veces deja de acercarse a pedirte ayuda.