En primer lugar juega un papel muy importante la grasa corporal y cómo está distribuida en el cuerpo. Es muy común que se amontone en el abdomen dando como resultado la panza baja. Por eso, hay que comenzar por analizar qué es lo que se come y cómo iniciarse en una alimentación baja en grasas. Conviene reducir el consumo y, si es posible, eliminarlo. Entre ellos, frituras, embutidos, conservas, mantecas, grasas animales y productos azucarados. Incorporar cada vez más verduras, hortalizas, cereales, arroz y pasta integrales. Consumir carnes magras o desgrasadas, pollo sin piel, pescados y huevos. Beber 2 litros de agua por día.

Sumado a la dieta estricta hay que hacer ejercicios aeróbicos para quemar grasas. Debe ser una práctica intensa para que se ponga en movimiento todas las grasas del organismo incluyendo las de difícil acceso como las del abdomen bajo. Los expertos aconsejan una práctica de moderada a intensa mantenida sin parar durante 30 minutos es suficiente para quemar los depósitos difíciles de grasas.

Una vez realizada esta práctica, se realiza la actividad localizada para ganar masa muscular que, por supuesto, es la que desplaza a la grasa. Esta masa muscular una vez que se empieza a desarrollar va quemando grasa por sí misma ya que la necesita para su existencia. Es por eso que el trabajo más exigente es al comienzo una vez que el cuerpo gana entrenamiento y tonicidad el trabajo físico se hace mucho más liviano y el efecto que se consigue es el óptimo.

Para ganar masa muscular la ejercitación debe ser sobre los grandes grupos musculares con el empleo de series entre 10 a 20 repeticiones. Los ejercicios pueden ser: sentadillas, remos, prensa, etc.

Por último, los ejercicios localizados sobre el abdomen son los que van a tallar esa famosa “tabla  de lavar” tan anhelada. El abdomen está constituido por un músculo largo dividido en cuadrados separados por una línea central llamada “línea alba” que va desde la pelvis hasta el comienzo del tórax.

Ejercicios en el piso: colocados boca arriba con rodillas flexionadas, se eleva el tronco hasta llegar a las rodillas y volver, este trabajo activa los abdominales superiores. El mismo pero con una pierna cruzada sobre la otra y levantándose llevando el codo hacia la rodilla contraria, activa los abdominales laterales. Y, para los abdominales bajos, acostados boca arriba con piernas estiradas, se levantan éstas hasta dejarlas verticales y bajarlas. Todas las variantes que encuentres de estos ejercicios son válidas para utilizarlas en esta última etapa del trabajo.

Todas estas etapas deben realizarse siguiendo esta secuencia en cada sesión de trabajo con una frecuencia de por lo menos 3 veces por semana.

Si te animas a cumplir con todo este trabajo, eres constante y no lo abandonas lograrás tu objetivo de tener abdominales bien marcados.