En cuanto desarrollamos la tecnología para separar los componentes químicos de los vegetales para combinarlos o producirlos sintéticamente, el mundo de la medicina genero la industria farmacológica y el tema de la salud se convirtió en un asunto del que todos estamos constantemente pendientes. Muchas enfermedades de antaño ya no son letales-como las infecciones o la neumonía- pero otras que eran muy raras hoy son epidemia, como cánceres de todo tipo, enfermedades del corazón, obesidad u osteoporosis.  

Esta nueva gama de enfermedades no nace necesariamente de un modo de vida más perjudicial (todas las épocas tuvieron sus dificultades) pero en la actualidad una esperanza de vida más prologada implica un deterioramiento físico al que antes no muchos debían enfrentarse. A eso debe sumarse una mayor dependencia a la tecnología y acceso a alimentos en una cantidad a la que antes no teníamos acceso, como la azúcar, las harinas o la sal.

La medicina convencional no debería ser vista como un enemigo social, pero esperar que los medicamentos sintéticos resuelvan todos nuestros problemas es muy perjudicial porque simplemente no pueden hacerlo.  Si rompes un jarrón, puedes pegar los pedazos pero permanecerá siempre en pedazos. La mejor manera de mantenernos alejados de los medicamentos sintéticos es evitar necesitarlos y una alimentación saludable es indispensable para la prevención de las enfermedades crónicas y degenerativas más comunes en Occidente.

Aunque se asocia a los carbohidratos con la subida de peso, es importante saber que no depende tanto de la cantidad que se consume, sino de su calidad. Los carbohidratos de mala calidad que pueden llevar a la subida de peso son: las pastas, el pan blanco, papas fritas, tortas y galletitas con azucares, gaseosas y alimentos enlatados.  Estos alimentos aumentan el nivel de azúcar en sangre, la cual acaba convertida en grasa si no es utilizada.

Las harinas blancas, en particular, tienen otro pequeño oscuro secreto: son inhibidoras de la absorción de hierro y tienen muy pocos nutrientes que el organismo puede aprovechar. La fibra que contiene el maíz y el trigo se encuentra en la cáscara y esta es removida antes de que el grano se triture en harina.

La carne roja y las carnes procesadas pueden no ser tan negativas como los malos carbohidratos en lo referente al peso, pero sí están asociadas a la hipertensión, cáncer de colon y diabetes. Por tanto, si bien es prudente reemplazar los malos carbohidratos con otras comidas, no es bueno caer sobre las carnes rojas y es importante también evitar un consumo excesivo de sal. Se recomiendan nueces, legumbres, pescado y pollo, poniendo énfasis en los alimentos de origen vegetal. Recuerda que ya te dimos alternativas ecológicas a estas carnes procesadas para no arriesgarte.

En el año 2012, la Universidad de Harvard, en EEUU-famosa por su elevado nivel académico- ha quitado de su lista de productos saludables a la leche y sus derivados, debido a que un alto consumo de leche influencia el desarrollo de próstata de cáncer y cáncer de ovarios. Los vegetales de hojas verdes, como la espinaca, son una mejor fuente de calcio mientras y una buena dosis de vitamina D (que obtenemos al exponerlos al sol) asegura una absorción óptima del mineral.

Eliminar todos estos alimentos de nuestra dieta, o limitar su consumo a lo mínimo indispensable, es un excelente primer paso a un cuerpo más saludable y  a una mayor calidad de vida.