Un niño que no se alimenta bien tendrá dificultades serias para alcanzar un buen rendimiento escolar porque su capacidad de concentración disminuirá. También se sentirá más fatigado durante las actividades físicas. Así que aunque es posible que durante los primeros meses de vida de tu hijo, cuidaras especialmente la alimentación del bebé, esto es algo que debes continuar vigilando durante las etapas posteriores de su desarrollo.

¿Qué deben tomar nuestros hijos para que su alimentación sea más saludable? Básicamente, alimentos de los siguientes grupos, en cantidades adecuadas a su edad:

  • Cereales y féculas: patatas, cereales, pan arroz…
  • Verduras: tomates, lechuga, berenjenas, pimientos, espinacas, judías verdes…
  • Frutas: melocotones, peras, manzanas, naranjas, plátanos…
  • Lácteos: leche, yogur, mantequilla, queso…
  • Carnes y pescados: Ingredientes como pollo, cerdo, vacuno, merluza, salmón o atún aportarán proteínas.
  • Huevos.
  • Legumbres: garbanzos, alubias, lentejas…
  • Grasas: aceite de oliva, mantequilla, margarina, mayonesa, nueces, almendras…

Incluir todos estos ingredientes necesarios en una dieta saludable y elaborar con ellos menús variados, que aporten las calorías necesarias a nuestros hijos parece casi una proeza hoy en día. En muchas familias trabajan  el padre y la madre y hay poco tiempo tanto para hacer la compra, como para cocinar. Es mucha tentación recurrir a la comida precocinada o a la comida rápida para salir del paso, sobre todo porque además es la que los niños se comen sin protestar. Por otro lado, existen alimentos fáciles para desayunar o merendar como es la bollería industrial, que tiene más calorías de las que los niños necesitan. Esto se agrava ante los hábitos sedentarios de la mayoría de nuestros hijos (un uso excesivo de ordenador, televisión, tablet, etc), lo cual hace muy difícil quemar esas calorías.

Sin embargo, no debemos pensar que todo está perdido. Cocinar saludablemente y en no mucho tiempo es posible. De hecho cada vez las escuelas cuidan más la alimentación de los niños, un hábito al que deberemos darle continuidad en nuestras casas.

Creo que una de las claves es no improvisar, sino hacer menús semanales en los que recojamos lo que le vamos a dar a nuestros hijos para desayunar, almorzar, merendar y cenar durante toda la semana. Lo ideal sería elegir aquéllos que tuviesen los ingredientes que he mencionado antes como necesarios en su dieta (y también en la nuestra). Hay muchas recetas en internet de comida saludable para todos y algunas más ingeniosas para hacer más atractivas a los niños las verduras, por ejemplo.

Una vez que tengamos claro los menús, podemos elaborar la lista de la compra para que, cuando vamos a cocinar, no tengamos que perder tiempo yendo a comprar el ingrediente que nos falta.

Otro hábito que puede ayudarnos en la cocina es hacer más cantidad de comida y congelar una parte para tener reservas. Así, cuando un día no tengamos tiempo de cocinar, podemos echar mano de los platos ya elaborados que están en el congelador.

Es verdad que, muchas veces, lo que primero nos echa para atrás a la hora de hacer menús más variados y que aporten todas las vitaminas y nutrientes necesarios, son nuestros propios hijos. Sabemos que es más difícil que se coman las verduras y algún que otro alimento que se niegan a probar y terminamos por darles de comer siempre lo mismo. Esto es un error, ya que en primer lugar lo que está en juego es su salud y en segundo lugar, comer es un hábito que, igual que otros que nuestros hijos tendrán que adquirir, requiere un aprendizaje.