El acoso escolar comienza con bromas, insultos aislados, comentarios hirientes sobre el físico o las capacidades de un niño concreto. Se le golpea al pasar, cuando aparece hay murmuraciones… Este niño, por su parte, no se defiende ante estas burlas, sino que las deja sin respuesta.

El acosador suele ser uno, pero inmediatamente se busca a otro para que le apoye en sus burlas e intimidaciones contra el compañero, que suele ser un chico o una chica tímidos, con complejos o a los que no les gusta pelear.

Esas intimidaciones se repiten un día y otro y lo que al principio era una broma aislada, se va convirtiendo en algo ya preparado a conciencia por parte del acosador: idea un día robarle el bocadillo del desayuno, ponerle la zancadilla cuando pasa, hacer correr bulos contra él por la clase, no permitir que se integre en ningún juego a la hora del recreo, hacer una pintada en la pizarra o en los servicios con insultos… El resto de los compañeros muchas veces por miedo a ser incluidos en el grupo de los acosados, empiezan a apartarse del chico o la chica que recibe las burlas, de manera que éstos empiezan a ser excluidos de los grupos de trabajo dentro de la clase y también dejan de ser invitados a los cumpleaños, quedadas, etc.

El chico o chica objeto del acoso van viendo cada día minada su autoestima, van perdiendo interés en intentar incluirse en los grupos  por temor a verse rechazados, empiezan a vivir con ansiedad el momento de tener que ir al colegio y encontrarse con las burlas e intimidaciones del acosador, hasta tal punto que fingen estar enfermos para no ir a clase o desarrollan enfermedades reales, fruto de la ansiedad que sienten, como dolor intenso de estómago o de cabeza. Como consecuencia de todo ello su rendimiento escolar comienza a verse afectado.

Como padres, queremos que nuestros hijos en el colegio sean felices, desarrollen todas sus capacidades y   sean capaces de establecer relaciones sociales que le aporten experiencias enriquecedoras.      Sin embargo, cuando esto no está sucediendo, es nuestro deber como padres investigar qué está ocurriendo. Algunos síntomas claros que sufre la víctima del acoso, son los siguientes:

  • Empieza a no querer ir a clase.
  • “Pierde” cosas, como el desayuno, el estuche, cuadernos… o éstas le “aparecen “ rotas.
  • Dejan de invitarlo a los cumpleaños, etc.
  • Tiene cambios de humor bruscos y se muestra a menudo malhumorado e irritable.
  • Se niega a hablar de temas relacionados con el colegio o simplemente no cuenta nada de lo que hace allí.

Hablar con nuestros hijos es muy importante. A pesar de lo ocupados que estemos una charla sobre cómo va todo y que les dejemos claro que pueden contar con nosotros para cualquier problema que tengan es muy necesario. Podemos hacerles ver que también a los padres nos surgen todo tipo de problemas en el trabajo o en nuestras relaciones sociales a lo largo del día. Lo importante es no guardarnos para nosotros las cosas que nos han pasado y nos preocupan, sino compartirlas con alguien y buscar formas de solucionarlas.

Otro paso importante es hablar con el centro, con el tutor de nuestros hijos primero y, si no encontramos mucha colaboración en él, no dudar en pasar a hablar con el jefe o jefa de estudios, el director o directora y en último término, con la inspección educativa.

La educación que damos a nuestros hijos en casa va a ser un instrumento muy valioso a la hora de ayudarles a enfrentarse con el mundo. Es muy importante que les transmitamos una serie de valores como:

  • No debemos burlarnos de los defectos de los demás o reírnos cuando alguien lo hace, de la misma manera que no nos gustaría que se rieran de nuestros defectos.
  • Somos muy valiosos y únicos, tenemos mucho que aportar a los que nos rodean con nuestras capacidades y nuestros dones.
  • Cuando vemos un caso claro de acoso a un compañero debemos denunciarlo al profesor y hablar con el niño víctima del acoso para ayudarlo y apoyarlo, igual que nos gustaría que hicieran con nosotros, en caso de que el problema fuese nuestro.
  • Nadie tiene derecho a molestarnos, golpearnos, robarnos, insultarnos, etc. y debemos denunciar estas conductas porque las personas que las realizan están manifestando con ello un trastorno en las relaciones sociales que debe ser reeducado en bien de los demás y en bien de esas personas que, si persisten en esas actitudes serán futuros delincuentes.

Por favor, hablemos con nuestros hijos.