¿Pero ese no es el punto de viajar? Salirse de la zona de confort que tú mismo te generaste y aprender cosas nuevas. No te preocupes, aquí te dejamos cinco consejos que te servirán para comenzar tu primer viaje y que naturalizarás  en los siguientes viajes que harás en tu vida. Con el tiempo, tus temores y nervios se disiparán y lo que quedará en ti es un espíritu seguro y aventurero.

A continuación tienes nuestros cinco consejos para viajeros novatos, unos recordatorios que podrías tener presentes para que tu escapada resulte todo tal como esperabas y sea una gran experiencia:

  1. Infórmate: Informarte es lo más importante a la hora de organizar un viaje. Oriéntate  todo lo que puedas del sitio a donde vayas: sitios turísticos, cultura, política, religión, cosmovisión, historia, tradiciones, tipo de cambio, economía, visado, vacunas. Incluso averigua qué tipo de enchufe usan, para evitar sobresaltos. Lee tanto libros como sitios web. Recuerda, hay muchos sitios web que quieren venderte el lugar como forma de publicidad. Para evitar esto, dale clic a los foros online e infórmate con los usuarios que ya han viajado al sitio donde vas a ir. Es una buena estrategia de compartir las experiencias y evitar lugares que según ellos no valen la pena.
  2. Organiza todo bien: No importa qué tipo de viaje hagas, la planificación anticipada te permitirá estar en control de tus asuntos y no hacer a última hora las cosas más obvias de tu viaje. Puede sonar trillado, pero puedes hacer una pequeña lista de tareas que tengas que cumplir.  Mientras vayas haciendo las tareas y tachándolas de la lista te sentirás bien contigo mismo y te acercará más al destino que quieras ir. Coloca los papeles indispensables en un lugar seguro, y si es posible, en un aislante. Planifica tu presupuesto de manera que no te quedes sin dinero a mitad del viaje. Organiza qué tipo de viaje vas a querer hacer. Puede ser mochilero, turístico, caminatas. Es importante que sepas que todo esto incide sobre los otros aspectos.
  3. Contrata un seguro: Esto suele ser recomendable para los que viajarán por un tiempo extenso. Es decir, de dos meses en adelante. Para eso, podrás ir a una aseguradora y pagar por un buen seguro de viaje, que te cubra en toda clase de circunstancias. Pero alguien precavido vale por dos, así que al menos prepara un pequeño bolso de primeros auxilios con todo lo indispensable. Si tu viaje es corto y solo te quedarás en el hotel, entonces no hará tanta falta el seguro. Nunca está demás investigar cuáles son las instituciones sanitarias del lugar a donde vayas.
  4. Las maletas: Esta parte es sencilla si le dedicas un poco de tiempo. Aquí tus habilidades como persona independiente afloran y te vas hacer esta sencilla pregunta “¿me hará falta?” Hay gente que no lo puede evitar y mete hasta el peluche que le regalaron cuando era bebé. Infórmate primero cuánto peso puedes introducir en el avión y las tarifas de las multas de sobrepeso. Revisa el clima del lugar donde vayas y piensa si realmente necesitas ese suéter para el desierto o esos bermudas para el Kilimanjaro. Luego analiza cuál es el peso con el que te sentirás  más cómodo. Para saberlo, puedes hacer una sencilla práctica para que la tomes en cuenta. Agarra tu maleta o mochila, introduce todo lo que pretendes llevar, cárgala y quédate de pie durante diez minutos paseando por la casa. Piensa en el peso y en todos los souvenirs con los que vas a volver. Vuélvela a desmantelar y ármala de nuevo, teniendo en mente todo lo que acabas de cargar. Si te sirve, podrás reducir  la cantidad de jeans que te vas a llevar: ya no serán diez, sino dos.
  5. Aprende a equivocarte: Lo único seguro de tu viaje es que casi nada te va salir como lo planeaste en tu cabeza. Tranquilo, siempre te sucederá y deberás tomártelo como un aprendizaje. Las experiencias que te sucedan durante el viaje te desarrollarán como persona. Toda la sabiduría adquirida entra en el paquete. Todos nos equivocamos la primera vez que viajamos: no vas a ser el primero al que estafen, ni tampoco el último. Sé precavido, pero tómatelo con calma. No hagas de tu viaje como una meta sino como un camino para tu desarrollo físico, intelectual y espiritual.