Generalmente este estado se asocia a algunos de estos síntomas: impaciencia o inquietud, fatiga, dificultad para concentrarse, irritabilidad, alteración del sueño y tensión muscular. Paulatinamente estos estados van deteriorando el entorno de la persona enferma tanto social, laboral como familiar.

¿Cómo reconocer si una persona tiene este tipo de trastorno? Cuando siente preocupación o ansiedad en exceso, le cuesta controlar este estado, se siente impaciente todo el tiempo, se fatiga con facilidad, le cuesta conciliar el sueño y tiene frecuentes contracturas. Este trastorno es más frecuente de lo que se cree y suele afectar tanto a hombres como a mujeres. Suele ser más frecuente en mujeres que ingresan a la edad adulta.

Entre las preocupaciones que suelen desencadenar este estado de ansiedad se encuentran: estabilidad laboral, economía, seguridad, preocupación por algún miembro de la familia, salud, la casa o el auto, etc. Todas pertenecientes al quehacer cotidiano y que llevan a que esté en un estado de alerta permanente. Por otra parte, comienzan a creer en continuas tragedias como por ejemplo, que si salen a la ruta con el auto van a tener un accidente o si un familiar se demora en llegar es porque le pasó algo serio, etc. La persona comienza a desarrollar una percepción catastrófica de la realidad sumada a la creencia de que siempre existe una alta probabilidad de que ocurra.

La persona que sufre de trastorno de ansiedad generalizada está convencida de que vive  en un mundo que es hostil y que continuamente lo amenaza y considera que no tiene recursos para afrontar sus problemas. Tiene un sentido extremo de la responsabilidad y se autocritica continuamente. Por otra parte suelen creer que ellos son los únicos capaces de hacer las cosas correctamente.

Es posible recuperarse de este tipo de enfermedades si se aborda el problema central del trastorno. Tomar conciencia de que la preocupación excesiva no es necesaria y aprender a tener confianza en el devenir de la vida, son los puntos de partida para la recuperación.

Además de esto existen técnicas que son del tipo “cognitivo – conductivos” que ayudan a revisar los comportamientos compulsivos y, paulatinamente, ir corrigiendo esta visión catastrófica de la realidad procesándola de otra manera. Como complemento existen los psicofármacos específicos que, por supuesto, deben ser recetados por un especialista. La automedicación nunca es aconsejada, en este caso puede ser muy peligrosa.

Aprender a controlar la ansiedad y el miedo es indispensable para continuar viviendo de manera equilibrada y armónica.