Durante el siglo pasado, los vehículos que funcionaban con tracción a sangre (acarreados por animales) fueron reemplazados por otros con motores a combustión. Con esta evolución, se incrementó considerablemente el uso de gasolina y de los derivados del petróleo. Asimismo, se derribaron miles de áreas naturales para construir carreteras.

Pero, ¿cuáles son las consecuencias ambientales de este avance en el transporte? En las últimas décadas del siglo XX, la cantidad de vehículos en el planeta fue creciendo exponencialmente, lo que trajo consigo numerosas desventajas: calentamiento global y contaminación atmosférica a causa de las emisiones del transporte, destrucción de zonas naturales para expandir las vías de circulación y mayor consumo de combustibles fósiles, entre otras.

La pregunta a la cual se enfrenta la humanidad es: ¿somos capaces de desarrollar vehículos que utilicen energía limpia y no contribuyan a la contaminación del planeta? ¿Es acaso posible? La respuesta debería ser: no sólo tiene que ser posible sino que es necesario para preservar el medio ambiente.

Según el mundialmente famoso MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets), los ejes del transporte ecológico deberían ser los siguientes: incentivar y fortalecer el uso del transporte público; reparar y mejorar las vías de circulación; y reducir las emisiones de gases contaminantes de los vehículos.

Uno de los nuevos modelos de coches eléctricos que comienzan a fabricarse

La industria automotriz está al tanto del desafío que le espera. Por eso mismo, ya se han creado algunos modelos de coches eléctricos o híbridos que no dependan de combustibles fósiles. Estos automóviles, en algunas ocasiones, no pasan de ser meros prototipos, aunque tienen potencial para convertirse en el transporte del futuro. Se trata de coches que no emiten gases o que lo hacen en una baja cantidad, de vehículos híbridos, eléctricos y ultraligeros.

Esta idea de diseñar automóviles libres de petróleo y sus derivados se basa en la creencia de que necesitamos vehículos más sustentables para proteger el futuro del planeta. El transporte “petro-libre” (o petro free, en inglés) señala la no-utilización de este combustible para su funcionamiento.

Las grandes urbes del mundo se están llenando de automóviles particulares y los niveles de contaminación de las mismas no dejan de ser alarmantes: anualmente, el transporte emite 300 toneladas de dióxido de carbono, 120 millones de toneladas de monóxido de carbono, 35 millones de óxido nitroso, 25 millones de hidrocarburos y tres millones y medio de toneladas de óxido de azufre. Cada vez más gente posee un coche nuevo y esto le supone al planeta una nueva “´fabrica” de gases contaminantes.

Más allá de las soluciones que puedan encontrar la industria automotriz y la ciencia en un futuro no muy lejano, hoy en día tenemos la posibilidad de hacer algunos cambios en nuestras formas de desplazarnos para no afectar al planeta: utilizar la bicicleta, viajar en transporte público, compartir el coche con amigos, familia o compañeros de trabajo… No hace falta esperar mucho tiempo para hacer de este mundo un lugar más sustentable.