Sin embargo, esto no aplica para todas las especies de plantas, ya que algunas prescinden de la humedad, así que revisaremos los tipos de suelos más comunes que existen y su utilización para el cultivo de plantas. Ya vimos en su momento lo importante de escoger bien el terreno de cultivo, así que vamos a ampliar un poco más la información para ver cómo podemos determinar qué tipo de plantas se desarrollarán mejor en cada tipo de suelo.

Generalmente el suelo se clasifica, atendiendo al material que lo constituye, ya que a partir de allí se determina cómo es el proceso de drenaje, cuál es la temperatura que puede conservar, cómo es el paso del aire o la ventilación, en suma, el material del suelo condicionará si se puede reproducir vida o no en él.

  • Arenosos: Los suelos arenosos, están constituidos principalmente por arena, así que su nivel permeabilidad es muy alto, es decir, no tienen mucha capacidad para retener líquido y conservar la humedad. De esta forma, si se pretende cultivar plantas en este tipo de suelo, se recomienda regar con frecuencia, escoger especies que se desarrollen en zonas desérticas, como por ejemplo, las mediterráneas.
  • Arcillosos: Están formados por arcilla, una serie de partículas de silicato de aluminio hidratado. Tiene un nivel de permeabilidad muy lento, porque no permite el paso del agua y el aire, de manera que se forman charcos y requieren de un apropiado sistema de drenaje. Sin embargo, pueden ser propicios para la agricultura, si se les mezcla con materiales orgánicos. Se recomienda que en él se cultiven plantas cuyas raíces tengan un importante nivel de profundidad.
  • Limosos: El limo es el material principal que conforma estos suelos. Podemos clasificar este suelo como el intermedio entre los suelos arenosos y arcillosos, teniendo un nivel de permeabilidad lento, así que conserva el nivel de humedad, lo que resulta positivo para algunas especies vegetales. Generalmente este tipo de suelos permite el cultivo de arroz y lechuga.
  • Pedregosos: Como su nombre lo indica, están formados por rocas en su mayor parte, de manera que el nivel de humedad es prácticamente nulo y dificultan el desarrollo de las plantas, porque no retienen el agua. Al ser tan secos, prácticamente son los menos recomendables para la siembra de cualquier especia.
  • Francos o margosos: Este tipo de suelo es muy propicio para los cultivos, ya que permite la conservación de humedad. Su ventaja consiste en que posee niveles de limo, arena y arcilla más o menos en las mismas cantidades, por tanto, son muy fértiles para la mayoría de las plantas que tienen procesos de desarrollo estándar. Podemos decir, que en este suelo se agrupan todas las características positivas de los anteriores.

En algunos casos, los tipos de suelos pueden combinarse, o improvisarse en macetas o espacios destinados para hacer huertos en casa. Así que siempre podrás establecer tú mismo las condiciones para el cultivo pequeño de las plantas de tu preferencia en función de los demás elementos básicos para su desarrollo.