Al desertificarse la tierra hay menos posibilidades de cultivo, las fuentes de agua se van secando y los grupos humanos se ven obligados a desplazarse. Comienza a reinar polvo en suspensión afectando las vías respiratorias y la consecuente propagación de enfermedades infecciosas.

El suelo, que es la capa superior de la corteza terrestre, es un recurso fundamental para la vida. Contiene agua y nutrientes que todos los seres vivos utilizan desde las plantas, los animales y por supuesto el ser humano.

La erosión de grandes superficies de tierra resulta preocupante para que aumente su vegetación

Repaso de unas estadísticas que asustan

Actualmente la erosión del suelo llega a unos 2 mil millones de hectáreas de tierras que en otras épocas fueron fértiles, esto es una amenaza seria para la alimentación mundial. Se pierden por año unas 5 a 7 millones de hectáreas producto de acciones desequilibrantes como la deforestación, deshechos de industrias, expansión de ciudades, etc.

Es necesario que las áreas de gobierno correspondientes tomen cartas en el asunto porque esta realidad es irreversible y cuanto más tiempo pase más difícil será implementar acciones reparadoras. Es fundamental legislar a favor de la tierra y de la vida y utilizar órganos de contralor que velen por el cumplimiento de las disposiciones.

No nos olvidemos que las causas de la degradación tienen su origen en factores socioeconómicos, en la sobre-explotación de la capacidad de uso. Es decir está en nuestras manos corregirlo.

En América Latina la información disponible es poca, no se han realizado muchos estudios y por ende es más difícil concientizar y legislar a favor de la conservación.

Recuperar el suelo después de la degradación es muy difícil por eso, para superar los problemas que se mencionaron se vuelve importante accionar de manera inmediata. La legislación en este sentido será una herramienta fundamental, una actitud proteccionista y preventiva que abogue por difundir los problemas a los que nos enfrentamos y, sobre todo, acciones directas sobre las industrias que son agresivas al medio ambiente y a la tierra en sí. No podemos seguir esperando porque la desertificación es un hecho y gestionar acciones en este sentido es una necesidad imperiosa.