“Los seres humanos no nacemos serios. […] Tristemente, ofrecemos nuestras ganas de jugar y nuestra risa como sacrificio al severo asunto de ser adultos. […] La terapia de la risa puede ayudarnos a aliviar nuestra seriedad de adultos y recuperar aquella perdida sensación de juego.”

Una dieta saludable y ejercicio físico y mental no son los únicos factores indispensables en una saludable rutina de vida. No es una exageración decir que la risa bien podría ser un ejercicio emocional. Al erradicar naturalmente sentimientos dolorosos, como el enojo y la angustia, nos ayuda a aliviar el estrés y alejar la depresión. Por supuesto que no es una cura para nada, pero si resulta un energizarte natural.  

La risa no es una novedad humana. Evidentemente, otros animales no solo comparten la alegría, si no que se ríen igual que nosotros. Un estudio realizado por la Universidad de Portsmouth (Reino Unido), en enero de este año, reveló que los chimpancés se ríen de manera individualizada, y aunque no se han estudiado los bonobos, especie similar pero más pequeña y para nada agresiva, se reportan en ellos los mismos gestos.

La alegría es un motivador biológico que aumenta las oportunidades que tiene un organismo para sobrevivir. La risa está asociada a hormonas como la dopamina y oxitócica, hormonas que también producimos al comer chocolate, al ejercitarnos y al tener sexo.

Cómo practicar la Terapia de la Risa

Si bien hay asuntos que merecen toda la seriedad de la que seamos capaces, si es cierto que en muchas instancias de nuestras vidas la seriedad resulta no solo irrelevante, sino que ridícula. Aprender a jugar, sostiene Enda Junkins,  es fundamental para lograr aplicar exitosamente la terapia de la risa en nuestra vida. 

Siempre que tengas oportunidad, aprovecha para jugar con tus hijos o tus animales de compañía. Y con más razón si te sientes sin ganas. Camina un poco y estira bien los músculos para deshacerte del enojo o los dolores, y luego establécete como objetivo disfrutar del momento. Rueda  por el piso, salta de aquí a allá,  y ríete.

Si estas solo en casa, o las expresiones alocadas no son lo tuyo, búscate una película divertida, mira algunos videos graciosos en Internet; y en esto, todo sirve, pero surgen cada vez más investigaciones que reportan resultados muy positivos en personas que ven videos de gatos!

Ridiculiza las situaciones que te hacen enojar: si, esa señora charlatana en la fila del supermercado se ha levantado ese día para fastidiarte el día: ¡imagínatela, vistiéndose, haciéndose el peinado, maquillándose y saliendo rápidamente de su casa para colocarse antes de ti en la fila! Si no estás enojado, te será más sencillo solicitar educadamente que se apresuren las cosas.

Si los seres humanos tenemos algo positivo, es nuestro sentido del humor, y hay miles de personas ahí afuera que tienen como pasatiempo burlarse de la rutina de las maneras más ingeniosas. ¡Únete a ellos!