Mientras que el Partenón disfrutó de varios siglos de tranquilidad, siendo reducido a ruinas recién en el siglo XVII, el templo de Zeus sucumbió a las tendencias destructivas del ser humano a penas un siglo después de ser construido. Fue destruido en una invasión bárbara y no volvió a ser reconstruido. Con la caída del Imperio Romano, sufrió la misma suerte del Coliseo: sus materiales fueron reutilizados en la construcción de otros edificios. Resulta un ejemplo de reutilización del que deberíamos aprender, pero desde una perspectiva histórica, es una pena. Afortunadamente, ha sobrevivido suficiente para despertar asombro y admiración.

La parte bonita de los templos se encuentra en la mitología, en su arquitectura y en el ingenio detrás de su ejecución, pero la lucha de poder siempre ha sido el combustible de los objetivos humanos. En donde se erige el templo de Zeus, antiguamente había otra construcción dedicada al dios del trueno. Había sido construida a orden de Pisistratus y enviada a demoler por sus hijos, Hippias y Hipparchos. Querían construir un nuevo templo que pusiera en vergüenza al majestuoso templo de Artemisa y el Hereo de Samos, dos de las maravillas del mundo antiguo. Las obras fueron abandonadas  en el 510 a.C., cuando Hipparchos es muerto e Hippias desterrado.

En 174 a.C aparece Antíoco IV Epífanes, quien decía ser la encarnación de Zeus. Confió al arquitecto romano Cossutius la finalización del templo iniciado 336 años antes. La construcción final iba a tener 104 columnas de 17 metros de altura y 2 metros de diámetro, pero fue finalizada en el 164 a.C. con la muerte de Antíoco. El proyecto fue terminado varios años después, ya entrados en el siglo II, por Adriano, emperador Romano que se esforzó en devolverle a Grecia su antigua gloria artística.  Una estatua de Zeus fue colocada en el centro del templo. No se sabe que ha ocurrido con ella, pero no es mucho misterio, considerando que estaba hecha en oro y mármol.

El templo que esperó más de VI siglos para erigirse en toda su gloria acabó destruido en el 267 por los Hérulos, tribu germánica que arrasó con toda la Ciudad. Durante siglos, sus partes fueron usadas para construir iglesias y casas. Actualmente, quedan quince columnas de pie y dieciséis en el suelo, tiradas por una tormenta en 1852.

Las columnas que quedan en pie del magestuoso templo de Zeus en Atenas

Además de ser una de las atracciones turísticas más relevantes de la ciudad, el movimiento de neopaganos - grupos espirituales inspirados en religiones politeísta anteriores al cristianismo-lo han convertido en suelo sagrado, realizando ceremonias en honor a Zeus frente al templo. El evento fue organizado por la agrupación Ellinais y aunque no comportamos sus creencias, las ceremonias resultan de lo más interesantes, ya que han estudiado la manera en que los griegos practicaban estos rituales. Si no presta a ofensa, bien podrían considerarse de gran valor turístico.