Aunque el olfato no resulte un sentido demasiado importante para el ser humano, es el primero que nos llama a la mesa. Durante el proceso de cocción, se rompen moléculas y se evapora el líquido en la comida, inundando el aire con los sabrosos aromas que conforman nuestros ingredientes. Se ha comprobado que los olores son un importante desencadenante de la memoria. Basta con detectar un leve aroma para quizás recordar aquel sabroso estofado que la abuela cocinaba durante las fiestas en nuestra infancia.

Al olfato, le sigue la vista. Como primates, hemos evolucionado entre las ramas de los árboles, comiendo frutas, por lo que los colores brillantes nos llaman la atención mucho más que los colores opacos…y nos resultan mucho más apetecibles. Los colores vivos, como los rojos, los amarillos y los violetas, implican comida lista para consumir. El ambiente es un importante factor de formación, por lo que la comida que disfrutamos en nuestra infancia determinará también que aspecto nos resultará atractivo. 

Con dos sentidos convencidos, es tiempo de dar una probada. Una vez que la comida ingresa a la boca, entra en juego el gusto y el sentido más ignorado por el consciente en lo referente a la cocina: el tacto. La lengua es tan sensible, que es capaz de captar la diferencia entre helado granulado y helado cremoso. Puede que esto resulte insignificante, pero basta con saber que la contextura granulada de un helado es causada por pequeños cristales de hielo microscópicos esparcidos por la crema.

Las texturas de los alimentos son tan importantes como el sabor a la hora de la comida. Un puré muy líquido resultará mucho menos apetitoso que un puré firme, y éste lo será mucho menos que un puré con semillas de zapallo tostadas, incluso si el sabor del primero es superior al de este último: ¡hagan la prueba! Solo una advertencia: no hay vuelta atrás.

En el ámbito profesional, hay casi una decena de texturas diferentes: esponjoso, cremoso, aireado, crujiente, blando, y muchas más. Se obtienen con métodos de cocción determinados, y algunos ciertamente complejos. Todos aquellos que amen la cocina, es recomendable investigar el tema, pero para el día a día, hay tres texturas principales que podemos utilizar para comer algo deliciosos sin internarnos en l cocina: crujiente-frituras, panes y semillas tostadas, pepinillos, etc.- firme-carnes, nueces, tomates, verduras crudas, hongos, etc.-y  blando- purés,  verduras al vapor, arroces, etc.

Como todo pasatiempo, al principio nos puede resultar muy frustrante, y en la cocina resulta aún peor, ya que corremos el riesgo de desperdiciar comida-y dinero-y acabar pasando hambre. Pero basta con diseñar nuestro menú en papel antes de llevarlo a la cocina.