Ingredientes

  • 200 gramos de piña
  • 4 cucharadas de azúcar
  • Vinagre
  • Sal
  • 1 cebolla
  • Aceite de oliva

Preparación

Corta la cebolla en pequeños trozos, y ponla a sofreír en el aceite de oliva. Debes colocar una sartén a fuego lento y esperar hasta que dore un poco. Ahora es momento de agregar gran parte de los ingredientes.

Primero, coloca la piña, deja que se cocine un poco y cuando esté blanda, podrás agregar el vinagre, el azúcar, la sal y la harina. Esta será la mezcla que convertirás en salsa, por tanto, deberás apagar el fuego, dejar que enfríe un poco y llevar a la licuadora.

El proceso de licuado es bastante sencillo, el único consejo al respecto es utilizar jugo de piña, si así lo deseas, ya sea para tener un sabor más concentrado, o hacer que la salsa esté menos espesa. Claro está, todo ello dependerá de qué tan gruesa quieras que quede la salsa, en función de los alimentos que acompañará.

Una vez que la salsa está licuada, puedes volver a calentarla, para corregir la sal, y otro aspecto que consideres necesario. Ya sabes que siempre podrás usar agua, jugo de piña para hacerla más líquida, o un poco de harina, para hacerla más espesa.

Envasado y refrigeración: Cuando hayas terminado de cocinar, es momento de envasar y refrigerar la salsa. Dependiendo de la cantidad de salsa que hayas preparado, podrás utilizar algún frasco de vidrio o plástico, o una taza con tapa. No congeles la salsa, solo refrigérala. Esta no se dañará porque la mantendrás siempre a una temperatura fija, y además porque se ha cocinado hasta hervir.

Temperaturas: La ventaja es que podrás servirla en diferentes temperaturas, por ejemplo, podrá consumirse fría con algún pasapalo, tibia o caliente, en un plato salado para almorzar o cenar. Al tener la salsa de piña ya preparada, será mucho más fácil hacer otras recetas con piña como uno de los ingredientes centrales del plato. Además, es una salsa de preparación muy sencilla y con ingredientes de bajo costo.