Lixiviación

Se trata de uno de los fenómenos más comunes que puede ocurrir ante el abundante exceso de agua en una planta. Cuando el agua se administra en una cantidad abundante, esta se estanca en el fondo del suelo, y nunca llega a brindar sus nutrientes a la planta, porque estos son absorbidos por el suelo, y la planta no se beneficia realmente de estos nutrientes, ya que sus raíces se pudren debido al exceso de agua.

Falta de aire

Recuerda que el agua no es el único elemento natural que las plantas necesitas para crecer correctamente y sobrevivir. El proceso de fotosíntesis, requiere también la circulación de aire, de modo que no basta solo con humedad abundante, también se requiere que el suelo esté ventilado, porque de lo contrario la planta no podrá llevar a cabo los procesos relacionados con la emisión de oxígeno y la purificación del aire. Si la planta no puede respirar, morirá.

Desarrollo defectuoso

Algunas veces, sobre todo cuando somos jardineros principiantes, creemos que mientras más agua agregemos a nuestras plantas, su crecimiento y desarrollo serán mejores, tendrá hojas más grandes, frutos de mejor calidad, o incluso flores de mejor composición.

Aunque esto funciona con algunas especies, no es lo más común, de allí que puede producirse un desarrollo negativo o defectuoso cuando agregamos demasiada agua sobre nuestras plantas, que podrá notarse en sus características físicas. Por ello, lo mejor siempre es consultar con un especialista sobre cuál es la cantidad de agua que estas necesitan, especialmente cuando están en su fase de crecimiento, a fin de no sobrecargar a la planta y entorpecer su proceso evolutivo.

 

Hongos

 

Aunque parezca menos importante, el exceso de humedad en una planta, puede producir la aparición de hongos. Cuando se trata de un árbol con un fuerte tronco, puede que esto no afecte demasiado, pero si es una planta pequeña, que alberga a un hongo que consume los nutrientes que ella necesita, las consecuencias pueden ser graves. De modo que esta es otra razón importante para asegurarnos de no suministrar a nuestras plantas más agua de las que necesitan.