Este problema se produce en animales de pelo largo a los que se rapa en exceso, dejándolos expuestos a la acción del sol. Su piel, que no está preparada para la acción solar, se daña y aparecen quemaduras. También es muy frecuente en perros y gatos albinos, que no blancos, ya que cuándo se tiene el pelo de este color no siempre se trata de animales albinos. Estos, al igual que ocurre con los seres humanos con esta característica, son más sensible a las quemaduras del sol.

Por último, algunas especies tienen especial sensibilidad a la luz del sol, sobre todo aquellos animales cuyo lugar de origen es frío.

Protectores especiales

Los protectores solares para mascotas deben de estar especialmente indicados para ellas, ya que los animales se lamen con frecuencia, sobre todo si detectan un olor que no es el suyo. Si utilizamos algunos de los protectores que ponemos sobre nuestra piel, el animal podría intoxicarse al ingerirlo.

En algunos casos no es necesario aplicar el protector por todo el cuerpo, solo en zonas especialmente sensibles al sol, como la tripa, donde no hay pelo o hay muy poco,  o el hocico. En estos casos, antes de salir a la calle o a disfrutar de un día de campo, se utiliza el protector que puede ser en spray o en bálsamo. Cada cierto tiempo se renueva para que no pierda efectividad.

En el caso de los gatos, al ser grandes aficionados a tomar el sol en ventanas y terrazas, es conveniente aplicarles el protector cada día en el hocico a aquellos animales sensibles. De este modo se previene la aparición de cáncer en esa zona, mucho más frecuente de lo que quizás imaginemos.

Si tenemos dudas sobre si nuestro animal puede o no precisar de un protector solar, debemos de preguntarle a nuestro veterinario de confianza. Él no solo nos indicará si es preciso usarlo y en qué zonas, sino que además nos podrá aconsejar sobre el grado de protección necesario y el producto más adecuado para cada caso.