Les compramos muebles específicos para ellos, ropa y complementos de moda, comederos de diseño y una larga serie de objetos que si bien en algunos casos tienen utilidad, en otros no satisfacen bastante más a nosotros que a ellos.

Parte de esa humanización de los animales es tratar de evitar aspectos tan propios de ellos como la caída del pelo o su olor corporal normal. Por supuesto, en el tema del pelo la batalla está bastante perdida, pero en el del olor, lo normal sería que una buena higiene fuera suficiente.

Sin embargo, un perro huele a perro (los gatos pueden ocasionar problemas de olor con su arenero, pero ellos son muy asépticos) y para algunos dueños esto es un problema. La solución para ellos es recurrir a las colonias para mascotas.

Los pros de las colonias para mascotas

Las colonias específicas para mascotas siempre son preferibles a las de humanos ya que no contienen alcohol y respetan su piel. Incluso en la mayoría de los casos no resultan tóxicas si las lamen.

Su olor es más suave que el de las colonias de humanos, por lo que no suelen resultar molestas o empalagosas. Cuánto más suave sea la colonia más fácil será que el animal la acepte. Es importante no poner mucha cantidad para cubrir un mal olor, ya que se trata de perfumes, no de desodorantes.

Esto significa que el olor de la colonia se mezclará con el olor corporal del perro y se creará un mezcladillo que puede ser realmente desagradable. Por tanto, está descartado usar colonias como sustitutos de higiene.

Estas colonias pueden resultar apropiadas si se va a casa de una persona que no tenga animales pero que haya invitado al nuestro. De este modo el olor del perro no quedará en todas partes y no le resultará tan evidente.

Los contras de las colonias para mascotas

A la mayoría de los animales no les gusta dejar de oler a ellos mismos. Se identifican en su olor y es así como reconocen a sus congéneres. Por tanto, sentirán que al ponerles colonia estás “manchándolos” y privándolos de su identidad.

Por eso suelen reaccionar revolcándose, en el caso de los perros, o lamiéndose compulsivamente en el caso de los gatos. En cualquier caso, a no ser que estén acostumbrados desde pequeños, no será algo agradable para ellos.