Existe evidencia abrumadora que valida empíricamente las propiedades medicinales del amaranto.  En la semilla se han detectado tres compuestos anticancerígenos (escualeno, beta-sitosterol y lunasin). Su alto contenido de ácidos grasos y potentes antioxidantes naturales lo convierten en un alimento efectivo para la prevención de problemas cardiovasculares. Su efectividad en el tratamiento del colesterol y la hipertensión ha sido comprobada. En México, el amaranto se consume como un aperitivo llamado “alegría”, y diversas investigaciones estiman efectos positivos en personas que sufren de depresión.  Su alto contenido en fibra lo vuelven efectivo en el tratamiento y la prevención de la obesidad (aumentando la sensación de saciedad) y el estreñimiento.

Las propiedades medicinales de una planta pueden también evaluarse en base a su valor nutricio: un cuerpo saludable es un cuerpo sano. Además de las propiedades destacadas anteriormente, el amaranto tiene un alto contenido de aminoácidos esenciales-brindándole gran valor en dietas vegetarianas- minerales- como calcio, magnesio y hierro-, vitaminas y fibras dietéticas. Su alto contenido en carbohidratos de lenta digestión lo convierten en una excelente fuente de energía. 

Beneficios del amaranto como planta medicinal

Existen en el mercado diferentes presentaciones y preparados, los que nos permiten consumir amaranto de forma adecuada para aprovechar sus propiedades. Las semillas son consumidas molidas como harina-al no contener gluten, son aptas para celiacos- o enteras a modo de cereal. En 2006, investigadores mexicanos patentaron un jarabe manufacturado de las semillas de amaranto que opera como antidepresivo. En varios países de Sudamérica, ya es posible conseguir en los supermercados aceite puro de amaranto.

Debido al pequeño tamaño de sus semillas, la producción casera de granos no es viable pero si pueden aprovecharse sus hojas. Estas tienen un mayor porcentaje de hierro que la espinaca y no son comercializadas. El amaranto se reproduce muy bien por semilla. Requiere mucha luminosidad y es resistente a la sequia. Se ha naturalizado en varias regiones por lo que es aconsejable dar prioridad al aprovechamiento de especímenes silvestres. Recuerde asegurarse de que la zona de cosecha no esté siendo fumigada.  

Posiblemente debido a una hibridación con la soja transgénica, el amaranto es resistente al glifosato, herbicida con que se apunta a proteger los cultivos sojeros. De esta forma, un alimento de gran valor nutricional está siendo combatido como maleza para proteger el cultivo de una planta de bajo valor nutricio y cuya producción está destinada principalmente a la alimentación de ganado encerrado. La proliferación de estudios que validan el valor nutricio y medicinal del amaranto, y el reconocimiento de universidades y organizaciones mundiales de renombre, están ayudando a la popularización de esta planta y a la masificación de su comercialización y consumo, con sus subsecuentes beneficios a la salud mundial.