Los terrenos escarpados que encontramos en los países mediterráneos resultan propicios para el cultivo de esta planta silvestre, que por suerte se ha difuminado de una forma o de otra por el mundo.

Hace miles de años los egipcios y los romanos conocieron de las bondades de esta planta, que centra su atención sobre todo, en el aparato digestivo. Ello se debe a su acción tónica y estimulante en las secreciones del aparato digestivo. Los jugos gástricos se incrementan con ella, lo que ayuda a una más rápida digestión, incluso muchos argumentan sus efectos en el crecimiento del apetito.

Los efectos de las comidas grasas tienen su antídoto en la achicoria, que gracias a sus propiedades coleréticas y colagogas aumenta la producción de  secreciones biliares y su correcto vertimiento. Todo ello alivia el trabajo del hígado, filtro del organismo, lo que la convierte en un favorecedor de combatir los casos de insuficiencia hepática. Incluso, en los casos de anemia ferropénica, se recomienda usar este producto, por su alto contenido de hierro.

La prevención de la alteriosclerosis y anginas de pecho también forma parte de las cualidades de esta planta, por su capacidad de dar fluidez a la sangre y su efecto hipotensor. Muchos la utilizan para combatir la gota y los edemas, por su acción diurética.

Dos ingredientes fundamentales en la achicoria son la inulina (estimula el apetito y favorece la digestión) y la intibina (sustancia que le da el sabor amargo en mayor o menor proporción a todas las variedades y estimula el vaciamiento de la vesícula viliar).

Habitualmente puede consumirse en forma de ensalada. De ella se usan los tallos, las hojas y hasta las raíces. Estas últimas tostadas y pulverizadas funcionan como un sucedáneo del café, llamado café de achicoria.

Las hojas y la raíz se destacan por su amargor, pero son muy útiles como tónicas, estomacales, depurativas, laxantes y diuréticas, ofreciendo la propiedad de activar las funciones hepato-biliares. Ambas son muy ricas en vitaminas A y C.

En realidad no tiene muchas contraindicaciones para su uso, pero es necesario tener en cuenta ciertas cosas. Las personas que son propensas a formar en su organismo cálculos renales, así como las que poseen hipertensión severa, no deben abusar en su consumo, por su alto contenido de oxalatos. Se le suman a estos, los que padecen de úlceras gástricas e intestinos irritables. No obstante,  su uso moderado para estas personas y el abundante para las sanas, asegurará una mejor vida.