Cuando hablamos de envases plásticos nos referimos a la película de nylon fina que se usa para cubrir (papel film), en el recubrimiento de latas de envases de comida o bebida, revestimiento interior de vasos de cartón o las fuentes que se usan para microondas, todas ellas en contacto directo con el alimento. Estas sustancias químicas se mueven hacia los alimentos en un proceso que puede ser lento o acelerarse si hay calor de por medio, es muy inestable y se sabe muy poco sobre la incidencia que tiene en el cuerpo. Además es una contaminación poco conocida e investigada como así también compuesta de varios químicos de los cuales se desconoce su incidencia por separado y mucho menos cuando actúan juntos. También hay que tener presente que es una contaminación a la que estamos expuestos de manera cotidiana ya que todo tiene plástico en contacto con alimentos, tal vez se salven algunas botellas de vidrio que tengan corcho y no tapa común.

Entre las sustancias que pueden trasladarse a los alimentos se encuentra el formaldehido (que es un bactericida), disruptores endocrinos (compuestos químicos que presentan la particularidad de comportarse como las hormonas) entre ellos: los ftalatos, el triclosán, el nonilfenol, el tributilo de estaño y el bisfenbol-A. Estos disruptores endocrinos  se encuentran en casi todos los productos plásticos desde envases hasta juguetes pasando por productos de higiene femenina. Hay estudios que relacionan estos disruptores endocrinos con la diabetes y está en estudio si se relaciona con la obesidad. En Francia ya se prohibió el bisfenol-A  a partir del 2015.

Es imprescindible que se sigan estudiando tanto los compuestos como los efectos que producen y que se tomen medidas al respecto ya que en total estamos hablando de unos 4000 compuestos de los cuales se sabe muy poco y que están en contacto con los alimentos que consumimos todos los días. Tal vez algunas medidas de índole personal se puedan tomar como por ejemplo usar una fuente de vidrio al calentar en microondas.