De acuerdo con una investigación de la revista “Nature”, durante los últimos 30 años ha habido cambios significativos en el florecimiento de las hojas de los árboles, provocando que cada año comiencen a aparecer más temprano. Por eso, es probable que haya vegetación que crezca en invierno de forma natural, resultando perjudicial para aquellas especies de la flora que dependen de los cambios de estación regulados por la caída y el crecimiento de las hojas de los árboles.

Por cada grado que aumenta el planeta Tierra cada año, se acelera en un promedio de 3,4 días el florecimiento de las hojas en los árboles de especies caducifolias, es decir, aquellos cuya aparición y caída de follaje dependen de la temperatura.

Según el informe de la revista, desde 1980 se ha acelerado la aparición del follaje en siete especies de árboles que están presentes en los bosques continentales europeos. No obstante, por muy preocupante que pueda parecer, hay signos de esperanza para algunas especies, que han demostrado un retraso en el tiempo de aparición de sus hojas.

Los árboles de las zonas que tienen climas templados y húmedos pierden sus hojas con la llegada del otoño año tras año. Al haber menor cantidad de horas de luz natural y la disminución del fotoperiodo, es decir, de radiación solar, el descenso de las temperaturas y la posible congelación del suelo, implican un desperdicio de energía a la hora de que los árboles conserven sus hojas. Las especies como las hayas, robles, tilos, castaños, fresnos, entre otros, volverán a reverdecer en primavera, cuando los días se vuelvan cada vez más largos y calurosos. Esta relación directa entre temperatura y brote de las hojas de las especies caducifolias, precisamente, ha conducido a la siguiente conclusión: que el calentamiento global es el responsable del arribo temprano de la primavera.

Ya son conocidos los efectos del cambio climático: no sólo produce veranos mucho más calurosos, sino que también eleva las temperaturas promedio en las estaciones otoñales e invernales. De esta forma, las especies arbóreas no llegan a alcanzar la cantidad de frío que necesitan durante el invierno, para luego poder retoñar en la primavera. El proceso, así, se ve modificado, al punto que cada año será más corto en caso de no revertirse la situación.

Pero, ¿qué tanto puede modificar el hecho de que los árboles retoñen cada vez más temprano cada año? Pues, al adelantarse el brote de las hojas, las mismas retienen más dióxido de carbono que si aparecieran más tarde, al tiempo que influyen y producen efectos en cadena en todos los ecosistemas dependientes. Esto, en definitiva, significa que todo el planeta se ve implicado en un cambio que desajusta el equilibrio natural.