Algunos factores no pueden alterarse-como la genética y la edad-pero para otros sí es posible, como sucede, por ejemplo, con la dieta y nuestro estilo de vida. Dietas ricas en carbohidratos malos (harinas refinadas, azucares, pastas, etc.), con elevada cantidad de sal y colesterol malo (que afectan la presión sanguínea) tienen incidencia en el desarrollo de Alzheimer durante la vejez; la falta de ejercicio y de actividad cognitiva (lectura, ejercicios mentales, etc.) son otros factores que pueden ayudarnos a prevenir-o provocar- la enfermedad.

Un importante estudio, todavía en curso (DIAN- Dominantly Inherited Alzheimer Network), ha revelado que menos del 1% de los pacientes con Alzheimer tenían garantizada la enfermedad debido a sus genes. Existe ya un test que permite predecir el Alzheimer y que según los estudios funciona con una precisión bastante fiable. El resto tienen el potencial de prevenir, reducir o retrasarla. Otro estudio que conviene leer es el A4, Estudio Cooperativo de la Enfermedad de Alzheimer (Alzheimer’s Disease Cooperative Study). Si bien los estudios realizados no son concluyentes (falta mucho trabajo por realizar), sus conclusiones son realmente prometedoras y solo demandan cambios de hábito saludables.

Entonces, a ayudar a la ciencia, y ver si siguiendo estos consejos, en unos años la enfermedad del Alzheimer será cosa de una reducida minoría.  La prevención del Alzheimer  está directamente relacionada a la salud del cerebro. Los expertos recomiendan:

Permanecer activo físicamente

No solo estarás ayudando a tu corazón, a tus huesos y previniendo la depresión: el ejercicio está directamente relacionado a la salud cerebral al estimular las conexiones neuronales y mejorar la circulación de la sangre. Una mejor circulación implica una óptima distribución de nutrientes y oxígeno.

Una dieta saludable

Otro hábito que mantendrá tu sistema circulatorio y tus circuitos cerebrales en óptimo estado   es una dieta saludable. Esta necesariamente incluirá poca grasa y pocos carbohidratos malos. En otras palabras: poca carne (considera, incluso, quitar las carnes rojas y de cerdo de tu dieta) mucha fruta, mucha verdura, muchos granos, y una ínfima cantidad-o nada-de gaseosas, pastas refinadas y productos enlatados.

 Permanecer social e intelectualmente activo

El cerebro es un órgano pero requiere ejercicio para mantenerse saludable al igual que los músculos del cuerpo. Al mantenernos activos, activaremos las miles de conexiones neuronales de las que se vale el cerebro para funcionar,  manteniéndolo, por decirlo de alguna manera “bien calibrado y engrasado”.

Actividades mentales pueden incluir aprender nuevas actividades, sean para tu ámbito profesional o simplemente un pasatiempo. Inicia una carrera sin importar tu edad: la Universidad bien puede ser un gimnasio de la mente. En la actualidad, hay numerosos juegos de estrategia en Internet que pueden ser de utilidad. Escoge algo que te sea placentero; si no lo disfrutas, será contraproducente.

La actividad social ejercita el lado emocional de nuestro cerebro. Haz deporte con alguien, únete a algún club. Pero es importante: tiene que ser cara a cara. La interacción online no sirve, simplemente porque necesitamos las sensaciones físicas para poder reaccionar físicamente con la complejidad necesaria.