Los animales de granja no son animales salvajes,  conocen al ser humano y están acostumbrados a convivir con este, pero no son mascotas. No comparten juegos y ocios con el hombre, sino que tiene el fin de proporcionarle algo, ya sean alimentos, como carne, leche o huevo, ya sea lana o ya sea su fuerza de trabajo. Qué sean mansos no quiere decir que se dejen manipular de cualquier manera o que quieran que se les abrace o acaricie, por muy “amorosos” que se les vea.

En la granja hay muchos animales con los que no estamos familiarizados

Estas precauciones es importante inculcarlas especialmente a los niños, que por su fragilidad e inconsciencia suelen incurrir en acciones imprudentes que pueden acabar causando más de un disgusto. Un ejemplo son  los juegos con las crías de los animales de granja. Corderos o incluso las enormes terneras,  son animalitos atractivos para los niños, que los ven como cachorritos divertidos.  A su vez, estas crías pueden mostrar una cierta predisposición para jugar con los niños. Sin embargo, un ternerito joven puede intentar saltar como un perro sobre un niño si este lo incita, lo cual dado su peso es fácil imaginar las graves consecuencias que puede tener.

Si el ternero, o cordero o cualquier cría de este tipo, no está en un lugar protegido no es prudente que se deje que los niños jueguen a solas con ellos. Una patada de sus pezuñas puede llegar a causar la rotura de un hueso o lesiones más importantes.  Y esto por no hablar de la posible intervención de una mamá demasiado protectora con su retoño, que pueda pensar que este está siendo importunado por el niño y decida aplicar un correctivo.

Esto no quiere decir que tengamos que inculcarle al niño miedo hacia los animales, tan solo, al igual que haríamos con un perro de gran tamaño, enseñarles a respetar el espacio del animal y también a tomar las debidas precauciones para que no le lastime.

Para los niños interactuar con animales de granja puede ser muy divertido, pero los adultos veremos siempre los riesgos

Vamos a continuar con las precauciones que se deben de tomar respecto a los animales de granja. Hemos visto lo que sucede con algunas crías al juntarse con nuestras propias crías, y ahora vamos a ver que los animales más pequeños también tienen sus peligros.

Muchos tenemos en casa bonitos conejos a los que cuidamos como divertidas mascotas que pueden llegar a ser. Los conejos que hay en las granjas pueden parecernos igual de bonitos y achuchables,  pero debemos de tener en cuenta que no están sometidos a los controles y cuidados que están sometidos nuestros conejos caseros. Quizás acepten las caricias, pero también puede ser que recompensen tu muestra de amor con un mordisco que te mande directo a un centro de salud a buscar antibióticos. Y es que estos animales no están habituados al contacto físico.

Es también posible que incluso si se trata de animales cariñosos, acabes llevándote de una visita demasiado…próxima, más de una recuerdo en forma de pulgas o garrapatas que te pueden causar más de una picadura y en el caso de las últimas incluso adherirse a tu piel dándote un buen susto.

Las gallinas, esas alocadas plumíferas

Una cosa que suele hacernos ilusión a la gente de ciudad cuándo vamos al campo es acercarnos al gallinero y recoger los huevos. Tenemos la idílica imagen del granjero con una cesta que recoge uno a uno todos los frutos de las puestas, dorados y hermosos y que al llegar a casa los usa para hacer algún delicioso pastel. La gallina no una mascota habitual y por ello no podemos esperar que sea algo sencillo, debemos enfrentarnos a malos olores y en algunos casos el propio rechazo de estas aves que pueden resultar algo agresivas.

El gallinero suele ser uno de los lugares más temidos

La realidad es muy diferente, ya que lo primero que vas a descubrir es que las gallinas huelen mal. Para ser del todo sinceros, muy mal. En el gallinero suele haber una peste horrible y muchas veces hay que penetrar hasta el fondo para recoger los huevos, que están generalmente en las ponederas. Pero algunas gallinas, con cierto espíritu individualista, deciden realizar su puesta en cualquier otro lugar, por suerte suele ser el mismo, por lo que tendrás que conocer sus rincones y manías.

Tras atravesar un suelo generalmente poco limpio y que puede dejarte más de un recuerdo en tus zapatos y haber recogido los huevos ya solo te queda esquivar al gallo. Estos a veces no están muy de acuerdo en que nadie lleve nada de su territorio y alguno defiende con auténtica pasión lo que considera suyo, todo sea por quedar bien ante las gallinas. Si es el caso, más te vale conocer los trucos para alejarlo o correr lo suficiente para dejarlo atrás. Un picotazo de un gallo es una experiencia bastante desagradable que es mejor no llegar a vivir.

Al llegar a casa, descubrirás que te toca lavar a fondo el tesoro obtenido y comprobarás que es cierto eso que te decían en el colegio sobre la vía de salida de los huevos desde el cuerpo de la gallina hasta el exterior.