La medicina natural ha cobrado fuerza en los últimos años, desterrando la repentina y-proporcionalmente-efímera gloria de los medicamentos sintéticos. Confiamos en que diversos suplementos dietéticos nos ayudarán a curar malestares diversos y, cuando menos, prevenirlos. Ahora, en la medicina natural no todo son hierbas y semillas: también tenemos bacterias.

Cuando pensamos en bacterias, seguramente lo primero que se nos viene a la cabeza son las publicidades de productos de limpieza que prometen erradicar el 99,9999% de las bacterias que infestan nuestros pisos e inodoros, pero lo cierto es que la inmensa mayoría de estas microscopias criaturas en realidad son inocuas y muchas especies son, de hecho, viejas amigas de las personas.

Nuestro sistema digestivo está repleto de bacterias, y el buen funcionamiento de nuestro intestino depende de ellas. Por todo esto, no ha de resultarnos curioso que sean a menudo utilizadas en la medicina natural para curar o prevenir infecciones o malestares, como puede ser:

  • Síndrome de colon irritable (recuerda que ya vimos algunos remedios para problemas de colon irritable).
  • Inflamaciones Intestinales.
  • Diarrea causadas por virus, bacterias (“malas”, o sobrepoblación de alguna bacteria “buena”, generalmente  la famosa E. Coli).
  • Diarrea provocada por Antibióticos.

Los prebióticos son bacterias vivas que resultan beneficiosos para nuestro sistema digestivo y las encontramos, además de en nuestro cuerpo, en una variedad de alimentos y suplementos, como el yogurt o el chocolate.

Sin embargo, donde hay dinero, hay estafa. Como ocurre en la medicina convencional, en la medicina natural también encontramos infinidad de cosas que se presentan como beneficiosas pero que resulta  una estafa o que hasta son perjudiciales, como pueden ser las aletas de tiburón. Por eso es bueno confiar en que científicos honestos verifiquen y racionalicen la efectividad de todo aquello que se nos ofrece para cuidar nuestra salud.

Numerosos doctores y científicos estiman que los prebióticos actúan de manera positiva por los siguientes motivos:

  • Los antibióticos no son muy selectivos con respecto a qué tipo de bacterias hay que erradicar, y cuanto tomamos algún remedio de este tipo, muchas “buenas bacterias” mueren junto a las malas.  Los prebióticos pueden ayudarnos a reemplazarlas y recuperar así el porcentaje correcto de buenas bacterias en el organismo.
  • En el mundo silvestre, los animales compiten entre ellos por los recursos y el más fuerte-o el más rápido o el más inteligente- se impondrá. Lo mismo ocurre con las bacterias…aunque generalmente aplica para “los más numerosos”. Así, los prebióticos pueden incrementar la población de buenas bacterias en el organismo, y disminuir en consecuencia la población de malas bacterias.

Por otro lado, dependiendo de la persona, pueden mantener simplemente el balance entre los “buenos” y los “malos”.

Las bacterias, como los animales y las plantas, están divididas en clases, órdenes, familias y géneros, pero no vamos a aburrirlos con eso. En lo que respecta a prebióticos, sólo necesitamos saber que hay dos grupos:

  • Lactobacillus: son los más comunes. Los encontramos en comidas fermentadas, como el yogur o el vino. Diferentes cultivos (la misma especie pero distintas “familias”) ayudan a re-popular el sistema digestivo con buenas bacterias si algún antibiótico las ha afectado o si tenemos una predisposición natural a tener “bajas poblaciones” de flora intestinal. 
  • Bifidobacterium. Las encontramos también en algunos lácteos, pero es mejor preguntar al doctor de que otras fuentes podemos conseguir. Ayudan con el síndrome de color irritable.