El pez cirujano debe su nombre a dos espinas que tiene situadas en la aleta de la cola y con las que se defiende del ataque de otros peces, incluidos otros cirujanos, ya que a menudo no se lleva bien con ejemplares de su misma especie. Aunque no son peligrosas para el hombre es cierto que pinchan, por lo que debemos de tenerlas en cuenta a la hora de manipular al pez.

No se come, así que no te relamas

Para los que son incapaces de mirar un acuario sin imaginarse a todos sus habitantes convertidos en deliciosos pececitos fritos, informamos que el pez cirujano tiene un sabor muy desagradable y fuerte y que puede ser incluso tóxico, por lo que es mejor limitarse a disfrutar de su bonito color azul y de sus paseos por el acuario.

Ellos a su vez son omnívoros, así que disfrutarán con una dieta variada, con pienso y algas, pero también con lechuga, espinacas, pequeños trozos de pescado o larvas.

No es un pez muy pequeño, en libertad puede medir 30 cm aunque en cautividad raramente alcanza la mitad de esta medida. Aun así precisa de espacio y una vez adulto necesita nadar en espacios grandes por lo que no se recomienda para acuarios de menos de doscientos litros, recomendándose incluso los de cuatrocientos para su mayor comodidad.

Cuida su piel

Los peces cirujanos son propensos a los problemas de piel y a los hongos. Además suelen ser alérgicos al cobre, que está presente en muchos medicamentos para estos problemas. Por eso, se recomienda hacer todo lo posible para que el agua esté en las mejores condiciones y no contraigan la enfermedad. En el caso de que esto ocurra es preferible intentar tratarla con rayos ultravioletas aplicados al agua antes que con medicación, aunque el veterinario especialista será el que nos dirá que debemos de hacer exactamente.

Se trata de un pez que no es apto para principiantes, ya que necesita de unos cuidados bastante constantes y que no es apto para criarse en cautividad debido a sus requerimientos especiales.