Un análisis más detenido llevó a ver que el animal presentaba genitales femeninos pero también masculinos, era un caso de perro hermafrodita.

Este problema, que también ocurre en humanos, es poco frecuente y surge como consecuencia de un mal desarrollo del feto que, en el momento de desarrollar sus órganos genitales, sufre alteraciones en los cromosomas que hace que pueda desarrollar genitales masculinos y femeninos.

Se han dado casos de hermafroditismo inducido, debido a tratamientos hormonales administrados a un cachorro o a la madre del mismo en el momento de la gestación.

En algunos perros es evidente el sexo del animal y que los órganos sexuales contrarios son tan solo un accidente, pudiendo extirparlos para que pueda llevar una vida normal. En otros, las cosas no están tan claras y los dueños pueden verse en la disyuntiva de tener que “escoger” en cierto modo el sexo de su animal.

Es frecuente que el aspecto externo de los genitales se corresponda a un sexo, mientras que internamente el animal tenga características de ambos. También puede ocurrir que aunque la apariencia física sea de un sexo, los cromosomas indiquen que pertenece al sexo contrario.

Se han dado casos muy raros y aislados de animales que han cambiado su sexo (su apariencia externa) al crecer. Normalmente, los dueños del animal desconocían su problema, por lo que la sorpresa suele ser mayúscula.

Como no existe un caso único de hermafroditismo, sino que pueden darse diferentes variantes, el veterinario debe de ser el que realice el estudio del animal y aconseje qué hacer en cada caso concreto. No sería raro que nuestro veterinario habitual, si descubre este problema en nuestra mascota, nos remita a otro profesional especializado en el caso.

Esto no quiere decir que él no sepa o no quiera ocuparse de nuestra mascota, pero al tratarse de un problema tan poco común y con tantas variantes, puede preferir que sea un compañero especializado en el tema o que haya tenido alguna experiencia previa el que lleve el caso.

Normalmente, el problema se soluciona con una intervención quirúrgica sin más consecuencias para la vida del animal, aunque en muchos casos este será estéril.