Antes del Partenón, se erigía en esa colina otro monumento dedicado a Atenea, la diosa patrona de la ciudad. Éste fue destruido en el 480 a.C. por los persas. Una vez que los griegos triunfan sobre los ejércitos invasores, Pericles inicia la reconstrucción del templo que servía también como tesorería de la ciudad más rica de Grecia. Confía la obra a los arquitectos Ictino y Calícrates y al escultor Fidias, quienes terminan su trabajo en  el 432 a.C. Fue erigido en mármol blanco y entre sus paredes descansaba una de las obras de arte más maravillosas que debe haber creado la mano humana: una estatua de 12 metros de altura hecha en mármol, marfil y oro de la diosa guerrera.

La gloriosa civilización de la antigua Grecia cae para no volver a levantarse bajo el enviste de Alejandro Magno. Atenas olvida lentamente a sus dioses de antaño y nuevas religiones se apoderan de la vida espiritual de sus ciudadanos. Sabiendo apreciar la gloriosa construcción de los olvidados Ictino, Calícrates y Fidias, cristianos y musulmanes utilizaron al  Partenón como Iglesia y Mezquita durante siglos. 

Por más de mil años, el Partenón no tuvo que lamentar más que la pérdida de su gloriosa estatua de Atenea y de las pesadas puertas de bronce que aislaban el hall central del resto del templo, algo remarcable no solo por los vientos feroces que sacuden la región sino también por su alto grado de actividad sísmica. Pero en 1687, los turcos deciden cambiar al Partenón de rubro. Azotada la región por la guerra, el almirante Francesco Morosini la convierte en un depósito de pólvora sobre la que los venecianos lanzan una bomba sin mayores contemplaciones. Es increíble que aún haya columnas de pie.

Reconstrucción de los restos del Parteonón en Atenas

 Otro “brillante” accionar en favor del patrimonio cultural humano fue llevado a cabo por el británico Thomas Bruce Elgin, quien decidió robar los frisos, métopas, esculturas restantes y frontones del Partenón para venderlos al Museo Británico, quien todavía no los ha devuelto al aireado gobierno Griego, quien ha iniciado en 1957 valientes esfuerzos por reconstruir el milenario monumento. 

El proyecto fundó un Comité por la Conservación de los Monumentos de la Acrópolis en 1983  y ha recibido financiamiento de la Unión Europea. Arqueólogos de renombre han hecho esfuerzos por devolver cada artefacto a su lugar original, dejando los más frágiles en el Museo de la Acrópolis. Se pretende  estabilizar las ruinas para perpetuar la integridad estructural de la construcción, que es, al fin y al cabo, lo que ha sobrevivido. Esperemos tengan éxito y podamos seguir maravillándonos de este antiguo monumento durante muchas más generaciones.