Si no se trata, la otitis puede afectar a zonas más profundas el oído convirtiéndose en otitis media, resultando mucho más dolorosa para la mascota y más complicada de tratar, por eso se recomienda a los propietarios que hagan cuidadosas revisiones de las orejas de sus peludines cada poco tiempo.

Si se ve algo anormal en las orejas, como puntos blancos o rojos o se observa que el animal se rasca mucho o rechaza que le toquen podríamos estar ante un problema de otitis y es recomendable acudir al veterinario. Si el único síntoma son picores hay que revisar el pelo del perro o del gato por si tuviera pulgas u otros parásitos.

Cuando un perro tiene dolor normalmente llora al tocarlo y anda con la cabeza inclinada del lado que siente las molestias. Puede incluso llegar a frotarse contra el suelo o a quejarse sin que se le toque.

A veces, especialmente en el caso de los gatos, es algo complicado darse cuenta de que el dolor proviene de los oídos porque son expertos en camuflar sus molestias y en fingir que todo está bien ya que esto es una protección para ellos en la vida salvaje. Mostrar debilidad invita al ataque y por tanto la enfermedad debe de ocultarse. Por eso debemos de explorar bien sus orejas y estar atentos a gestos o comportamientos fuera de lo normal.

En caso de detectar algún problema el primer paso es acudir al veterinario para que detecte exactamente qué tipo de ácaro o de hongo está causando el problema y nos indique qué hacer para solucionarlo.

La higiene de las orejas

Las orejas de perros y gatos necesitan de cuidados y de higiene especiales. Los gatos normalmente se asean muy bien por ellos mismos, pero en algunas ocasiones acumulan suciedad en los pliegues de las orejas. En estos casos lo mejor es limpiarles con una gasa ligeramente humedecida y con un poco de jabón.

La gasa se parece al tacto de su lengua y por eso suelen tolerarla mucho mejor que otros tipos de paños. Una vez que se ha limpiado bien se debe de secar de igual modo evitando que quede humedad, ya que esta puede causar hongos.

En ningún caso se debe de manipular el interior de la oreja, solo observar por si salé mucha cera o algún tipo de secreción en cuyo caso se acudirá al veterinario. En ningún caso se introducirán bastoncitos higiénicos o similares.

Es importante no estresar al animal para limpiarlo. Se debe de hacer como parte de una sucesión de mimos y caricias en el que se intercalan cepillados, cortes de uñas y limpiezas de orejas, de modo que asocie todo el proceso a algo positivo. Se puede premiar al animal una vez finalizado.