A estas alturas todos sabemos que los gatos no tienen siete vidas. El origen de este dicho se remonta al antiguo Egipto donde se creía que un gato, tras siete (o nueve según las versiones de la leyenda) reencarnaciones, volvía al mundo convertido en humano. Con el tiempo este dicho ha tomado el matiz de que los gatos son animales muy ágiles y con rápida respuesta capaces de librarse de muchos problemas.

Esta creencia popular hace que muchas personas crean que el gato sobrevive muy bien por su cuenta, incluso en ciudades, y no siente ningún remordimiento abandonando camadas. Por desgracia, no hay más que ver los arcenes de las carreteras en cualquier pequeño viaje para saber que los gatos son mucho más frágiles de lo que parece y este es solo un pequeño ejemplo.

Los gatos tampoco caen de pie siempre. Para caer de pie deben de girar en el aire, cosa que no pueden hacer desde distancias cortas. Por eso, a menudo se lastima más un gato que cae desde un primer piso bajo que otro que cae desde un segundo. El que cae desde el primero no tiene tiempo a girarse y puede golpearse las costillas o la columna vertebral. En cualquier caso, cualquier gato puede caer mal en un momento determinado, de ahí el peligro de algunas mascotas que sufren el síndrome del gato paracaidista, lo que podría provocar graves daños en alguna caída.

También queremos desmentir el dicho de que los gatos no son cariñosos y que solo se acercan por el interés. Es cierto que los gatos no están tan domesticados como el perro y que algunos tienen un carácter muy desconfiado. Pero cualquier persona que haya logrado establecer una relación normal con su gato te podrá hablar de su cariño, de cómo lo demuestran y de lo mucho que se preocupan por sus compañeros humanos.

Prueba de esto es que hay gatos que asean a sus dueños como si fueran otro gato, le ofrecen presas o le dan cabezazos. Claro que hay que saber que los gatos solo asean a los gatos más cercanos a ellos y que les importan, solo ofrecen presas a sus crías y a aquellos que quieren proteger y que el dar cabezazos es una muestra de felicidad y una forma de soltar feromonas para marcarte como alguien de la familia.

No se trata pues de que no haya amor, sino de que muchas veces no sabemos interpretar formas de demostrarlo que pueden parecernos muy diferentes a las habituales, pero que para ellos son de lo más normal. Por cierto, los mordisquitos de los gatos son su forma de besarte tiernamente.