Los preparativos de la boda suelen ser tensos. A veces hay que correr de un lado para otro y arreglar tantas cosas que se acaba agotado emocional y físicamente. Además, todas las decisiones que implica una boda pueden hacer que surjan discusiones y peleas que hagan que nos plateemos si las cosas van realmente bien en la pareja.

Realmente, lo normal es discutir en estas circunstancias y lo que sería verdaderamente raro sería no hacerlo. De las discusiones se aprende y siempre que se hagan con respeto y de buenas maneras, tratando de llegar a acuerdos no pasa nada porque se produzcan ni son sinónimo de crisis.

Si por el contrario durante las discusiones enseguida se falta al respeto o siempre se quiere pasar por encima de la otra persona sin importar los sentimientos es mala señal. Peor todavía si no se produce una disculpa sincera tras perder los nervios en un momento determinado, algo que a todo el mundo le puede pasar.

El peso de la responsabilidad. Es cierto que el matrimonio no es como antes. Hoy es un contrato que vincula pero que no ata a ninguna de las partes. Pero parece que los días antes de la boda se hace evidente el peso de la responsabilidad que, al menos psicológicamente, tiene el matrimonio y la firma de cualquier contrato.

Es normal tener este miedo, pero también es normal que no pase de un cierto nivel. Cuando angustia o se convierte en pánico implica una gran falta de madurez y hay que racionalizarlo. Realmente, ¿van a cambiar tanto las cosas? Seguramente no y los cambios que pueda haber tendrán más que ver con los planes que se tengan de cara al futuro, como el tener hijos, que con el matrimonio en sí mismo.

El miedo a que algo salga mal. No todo el miedo es relativo al enlace, sino a que algo pueda salir mal. ¿Y si se retrasa el fotógrafo? ¿Y si al final el vestido no queda como debería? ¿Y si la peluquera no hace bien mi peinado? ¿Y si el restaurante no prepara la comida tan apetitosa como nos han prometido?

Estos miedos son normales, pero hay que relajarse y pensar que a fin de cuentas las cosas no son nunca tan graves como parece. Se trata de una celebración con la gente a la que se quiere y si algo no sale tan bien como debería, es cuestión de pasarlo lo mejor posible y no amargarse por detalles.

Si se ha hecho todo lo que estaba en nuestras manos para que las cosas salgan bien, lo normal es que salgan bien y de nada va a servir preocuparse por aspectos que no están en nuestra mano ni bajo nuestro control. No es un examen, es solo una fiesta.