En líneas generales conviene que las comidas sean livianas, sencillas, de poca preparación. Por otra parte repartir en cinco o seis comidas al día y no dejar de lado ninguna es lo más adecuado, beber mucha agua para no perder hidratación y que los alimentos sean fáciles de masticar. Poco café y pocas bebidas energizantes sobre todo las que son muy azucaradas.

El consumo de fibras tiene que ser abundante y sobre todo que sean integrales. En lo posible la comida tiene que ser sin sal o con muy poca, reemplazarla con algunas especias que son inocuas como el romero, orégano, poca pimienta, etc. En el caso del azúcar reemplazarla por edulcorantes. Las comidas  que llevan aceite se las hace con aceite de oliva para evitar que se eleven los niveles de colesterol y en lugar de freír conviene hervir o cocinar en el horno.

Los productos lácteos son importantes sobre todo yogures, quesos que aportan calcio y son muy digeribles al ser lácteos compuestos.

Una tip para tener en cuenta es mantener los gustos de las comidas para evitar caer en la inapetencia por sabores nuevos que no terminan de gustar.

Los ingredientes que alimentan los ancianos deben ser muy cuidados para su salud

Dieta aconsejada para los más mayores

Dos menús modelos podrían ser los siguientes:

1° DÍA:

DESAYUNO: café descafeinado con leche descremada, galletas.

MEDIA MAÑANA: una fruta.

ALMUERZO: judías salteadas con ajo y filete de pollo a la plancha. Yogurt.

MERIENDA: queso fresco con jamón

CENA: puré de calabaza con champiñones. Fruta.

2° DÍA

DESAYUNO: leche descremada con cereales integrales. Jugo de naranja.

MEDIA MAÑANA: yogurt.

ALMUERZO: pastas, legumbres o arroz. Albóndigas con jardinera. Ensalada de frutas.

MERIENDA: galletas o tostadas.

CENA: sopa, tortilla de queso. Frutas de temporada.

El peligro de la desnutrición durante la tercera edad

Cuando se aprecian los siguientes síntomas en un adulto mayor es momento de rever la alimentación y hacer una consulta al médico:

Falta de apetito, cansancio, pérdida de peso, anemia, heridas que tardan en sanar, ulceraciones, alteraciones en la visión, moretones sin motivo y deterioro general.

Todo esto lleva a cocinar menos, a recurrir a rotiserías, a comer alimentos pre-cocidos dejando de lado todas las acciones sanas en cuestión de alimentación que es lo que más necesita una persona que pasa los 65 años.