La halitosis puede ser causada por múltiples motivos, entre ellos, males de estómago o de garganta. Por eso la menta actúa contra ambos. Debido a sus propiedades antisépticas y expectorantes, por ejemplo, alivia flemas e infecciones boca adentro, además de que libera las vías respiratorias.

Masticar hojas de menta fresca contribuye a ese aliento fresco que cada uno de nosotros desea, pero hacer gárgaras de agua  hervida con sal y menta puede ser incluso más eficaz.

Gracias a su efecto antiséptico también limpia los dientes y las encías, eliminando toda bacteria. No hay gérmenes, ni siquiera los de la lengua, que se resistan a sus cualidades. Su alto contenido de Omega 3, vitamina C, A, minerales como magnesio, hierro, calcio, manganeso, cobre, potasio y ácido fólico, fortifican las encías y se aprovechan en casos de que el aliento no sea el deseado.

Gracias a la naturaleza la menta se consigue fácilmente, ya que crece en todo tipo de clima y es fuerte ante los cambios medioambientales. Su infusión puede reemplazar a otras bebidas que manchan los dientes y no brindan un olor tan agradable, como el café.

La menta también provee de saliva a la boca, pues el que esta se encuentre seca es una de las causas que hacen que huela mal. Ello también evitaría la proliferación de caries, gengivitis (inflamación de las encías) y otras afecciones.

Para todos estos casos, colocar tres gotas de tintura de la hierba madre en la boca y removerla bien con la lengua, tanto por los dientes como por las encías, constituye cura para este mal que afecta a hombres, mujeres, niñas y niños. También podrían realizarse enjuagues bucales con la infusión de una cucharada de la planta seca en un vaso de agua. Luego de hervir, se deja reposar, y ya una vez que esté tibia se procede a ejecutar.

Y cuando comemos con muchas especias, ya sea ajo, cebolla, o carnes como pescado, el mal olor puede eliminarse con  un enjuague de infusión de menta y canela luego de que nos lavemos los dientes.