Como la informática ha evolucionado muchísimo en los últimos años, también lo han hecho estos animales de mentira, que se han convertido en uno de los juegos favoritos de niños y también de más de un adulto.

El mítico tamagochi, con aplicaciones actuales para smartphones o tablets que imitan su funcionamiento

Los pros de las mascotas virtuales

Muchos padres utilizan estas mascotas como entrenamiento para sus hijos, ya que creen que les puede ayudar a inculcar responsabilidad y les puede mostrar las obligaciones que podrían tener con una mascota real, aunque por supuesto nunca será exactamente lo mismo. En algunos casos se usan como sustitutos al no poder tener un animal de verdad en casa y en otros son el primer paso antes de llevar a casa a un auténtico peludo.

Las mascotas virtuales no manchan, no dan olor y no despiertan de noche, lo que hace que sea mucho más fácil cuidarlas. Como juego son muy divertidas y si se toma simplemente como eso, no hay nada que objetar a estos animales virtuales.

Ejemplo de una pantalla de una de las mascotas virtuales que podemos encontrar para varias plataformas o dispositivos

Contras de las mascotas virtuales

Al tratarse de “animales” que se pueden apagar, que no huelen y que no manchan pueden dar una visión idílica de lo que es tener una mascota y, al dar el paso a una real, la persona se podría sentir desbordada al encontrarse con un ser vivo que enferma, que hace pis y caca fuera del sitio o que ladra y llora justo cuando queremos ver una película.

Muchos de estos juegos tienen un importante defecto y es que carecen de un código ético. La mascota virtual puede pasar días sin ser atendida, incluso se le puede dar una alimentación deficiente o se puede llegar a maltratar de alguna (la falta de cuidados sería un maltrato en una mascota real) sin que haya penalización ni indicación alguna de que eso no está bien. Si no se habla con los niños sobre el tema, podrían llegar a la conclusión de que la mascota real no es más que un simple objeto, tal como lo es la de su consola o teléfono.

Estos juegos, a menudo carecen también de indicaciones sobre la alimentación adecuada para cada tipo de animal o las necesidades que tienen, dándoles a todas las especies los mismos cuidados básicos sin tener función didáctica alguna.