La respuesta a esta pregunta es un rotundo sí. El Ébola está incluida en la lista de las zoonosis, es decir, las enfermedades que pueden ser contagiadas de animales a seres humanos.  De hecho, se cree que el brote al que nos enfrentamos actualmente se originó en los murciélagos y también lo sufren primates como gorilas o chimpancés.  Pero, ¿qué ocurre con perros y gatos?

Ébola en perros y gatos

Tal como ocurre con otras especies de animales, los estudios apuntan a que perros y gatos podrían ser transmisores de la enfermedad aunque seguramente no sufrirían sus síntomas. Todo esto hay que decirlo así, en condicional, ya que no hay suficientes estudios que permitan hacer una severa afirmación de todo esto.

Pero ahora viene la segunda parte del tema y es que los perros y gatos que tenemos en nuestra casa, como mascotas, distan mucho de llevar el mismo estilo de vida que llevan los perros y gatos en África, donde comienzan los brotes de Ébola. Nuestras mascotas se alimentan de pienso, no de basura o restos de cadáveres de animales, como puede suceder en esos países. No es nada raro que un perro en África pueda comer restos de un murciélago o cualquier otro animal contaminado, convirtiéndose así en un posible portador del virus.

Por tanto, la única forma de que un perro o gato de los que tenemos en casa se contagie del Ébola, es mediante el contacto directo con fluidos de una persona que lo padezca, por ejemplo su dueño.  Por tanto no serían origen del contagio, sino “víctimas” del mismo.

¿Podría Excalibur tener Ébola?

Con los datos con los que contamos, podemos decir que Excalibur podría tener Ébola partiendo de que estuvo expuesto al virus, aunque nunca lo sabremos a ciencia cierta. La mayoría de los expertos están de acuerdo en que perros y gatos desarrollan anticuerpos contra este virus. Poner en cuarentena al perro y realizarle las pruebas pertinentes habría ayudado a conocer más sobre la enfermedad en animales y por tanto también sobre la misma en el ser humano.

¿Por qué entonces se decidió sacrificarlo? Pues porque se optó por el principio de precaución, que implica que ante la duda lo mejor es tomar la decisión más drástica que evite cualquier tipo de problema posterior.  Quizás el principal error por parte de las autoridades haya sido el no ser totalmente transparentes e informar a la gente sobre si realmente era posible o no poner al perro en cuarentena y realizar los estudios pertinentes, ya que las declaraciones contradictorias y la precipitación con la que se hizo todo solo contribuyó a crear desconfianza.