Esto hace que se produzcan dos problemas muy habituales en este tipo de asociaciones:

Si se dispone de un refugio

Si hay refugio, a menudo se superan las plazas para las que este fue programado. Esto es realmente peligroso, ya que si los animales acaban en situaciones de hacinamiento lógicamente no se pueden garantizar condiciones de salubridad y estos animales no estarán atendidos como es debido.

En refugios con demasiados animales pueden aparecer problemas de enfermedades que se extienden sin control, como pulgas, sarna o infecciones de hongos, e incluso virus mucho más peligrosos.

Como además no se suele llevar a cabo una cuarentena, es frecuente que se acoja a animales con problemas y se junte anticipadamente con el resto, haciendo que se propaguen enfermedades.

Si no hay refugio

Si no hay refugio, el problema suele transmitirse a las casas de acogida. Es frecuente que algunas personas, desesperadas ante casos muy graves, acaben acogiendo animales en su hogar cuándo ya no deberían de tener más porque no cuenta con espacio, tiempo ni medios materiales suficientes para ello.

Estas personas, con su mejor voluntad, acaban en muchos casos teniendo problemas con sus vecinos, causando problemas psicológicos a sus propias mascotas e, incluso si viven en casas en las que no molestan a nadie, superándose a ellos mismos con una cantidad de trabajo muy elevada.

Lo peor de todo esto es que estos sacrificios solo son un parque para el problema, ya que siempre van a aparecer nuevos animales con problemas que necesitan ayuda urgente. Por eso es fundamental ponerse límites.

Aunque suene cruel o pueda parecer egoísta, hay que tener claro que por mucho que se haga, no se va a poder solucionar un problema tan complicado y que lo que no se puede hacer es crear un nuevo problema.

Siempre es mejor cuidar y atender bien a un número determinado de animales que mal a muchos. Por eso es necesario marcarse un límite y no permitir que se cruce bajo ninguna circunstancia.

Es fundamental transmitir claramente este mensaje a conocidos, socios o simpatizantes para que no llamen si se encuentran a un animal en problemas, ofreciéndoles alternativas como otras protectoras o servicios municipales.